
martes, 13 de julio de 2010
miércoles, 23 de junio de 2010
jueves, 28 de mayo de 2009
GASTON DUPRAT Y MARIANO COHN, ANTE EL ESTRENO DE SU FILM EL ARTISTA

M.C.: –Algo importante también es que las pinturas que dibuja el personaje que interpreta Laiseca no se ven. Hay una cámara subjetiva donde el que se ve es el espectador de la obra. La crítica en Roma dijo que lo que está bueno de ese gag es que enfrentás al espectador de la obra con el de la película, como si hicieras un tajo en el cuadro.
M.C.: –Después hace un gran aporte a través de las coreografías de las manos cuando pinta. Este era un tema a resolver ya que como no mostrábamos la obra, había que definir de qué manera se plasmaba al tipo pintando. El trajo toda esa coreografía armada.
G.D.: –Y de hecho cuando él se tiene que poner a dibujar por presión del galerista, ya que el viejo deja de hacerlo, copia dibujos de Romano y el curador le dice que son una porquería, que son rígidos. En cambio, el galerista le dice que están bárbaros. O sea, que logra filtrar una. Tal vez el personaje de Sergio, en principio, sienta culpa porque está usurpando un lugar y haciendo uso de la obra de otro, pero se instruye, conoce la obra de Duchamp y ahí empieza a entender que no solo es válido hoy el que sabe hacer algo con sus manos, sino quien lo pone en valor.
M.C.: –Es el hecho artístico por sobre la obra.
G.D.: –Y si uno analiza el caso de la película, ese viejito con sus dibujos tirados en el geriátrico no iba a ningún lado. El enfermero logró que la sociedad diga “este hombre es un artista”. Es el cincuenta por ciento de la obra.
M.C.: –No tenés dónde ampliarlo, no tenés referencias para compararlo. Es un punto de partida nuevo.
viernes, 8 de mayo de 2009
La reacción
Una noche, Polosecki nos dio a todos los que formábamos parte de su grupo, el carnet del PC. Lo recuerdo perfectamente: era rojo, tenía la forma de una libreta de enrolamiento y decía en una de las primeras hojas: "No dejes que este carnet caiga en manos de la reacción". La reacción. Me guardé el carnet en el bolsillo y, mientras volvía en subte hacia mi casa -donde vivía con mis viejos-, me puse a pensar qué querría decir "la reacción". Conocía el verbo reaccionar. Podía decir que un equipo reaccionó a tiempo y le inclinó la cancha a otro. Pero algo me decía que no se trataba de eso. Una de esas noches, después de otra reunión de la Fede, volví a mi casa muy tarde y me encontré a mi viejo en mi pieza, sentado en mi cama, delante del póster de Invisible, con mi carnet rojo en la mano. El tipo estaba enojado y me quería matar. Me dijo que los militares nos podían liquidar a todos si se enteraban que alguien de la familia estaba en el PC. Y que la política era peligrosa. Así que mi viejo era la reacción. Más claro, echale agua: no dejes que este carnet caiga en manos de la reacción. Tarde.
Entre mis 17 y 20 años tuve serios enfrentamientos con mis viejos. En ese entonces mis ídolos eran los rockeros que escuchaba en un Winco blanco: Manal, Spinetta, Sui Generis, Los Gatos, Moris... De manera ingenua, asimilaba esa música con la revolución. Me vestía como se vestían los rockeros: vaqueros, sacos con pañuelos y remeras desteñidas, toppers negras. La frase de la canción de Dylan, que había traducido, reflejaba lo que yo pensaba: "Tengo mi cabeza llena de ideas y acá me obligan a lavar el piso, en la granja de Maggie no trabajo nunca más".
Cuando empecé a fumar porro, me tuve que ir del PC. Ningún revolucionario puede hacer la revolución si está tomando drogas, a menos que la revolución parezca venir en pasta negra, con Sargent Pepper o Blonde on Blonde. Hoy creo que siempre se ha intentado unir ciertas cosas que claramente son antagónicas. En ese momento, la pelea entre rockeros y chetos era notable y clara. O los mods y los rockers en Gran Bretaña. Pero después las cosas cambian y no todo es lo que parece. Conceptos tranquilizadores como derecha e izquierda, empiezan a mutar hasta volverse inservibles. Pero por ahora conservémoslos. Aunque la palabra reacción ha ido cambiando, como una luz de giro, hasta llegar a denominar a personas que jamás hubiera pensado como reaccionarias.
Hace poco leí una nota donde un crítico teorizaba que Bob Dylan -según lo infería de las Crónicas que el cantante acababa de publicar- era de derecha. Realmente no me sorprendió. La mayoría de los grandes artistas son de derecha. Mejor dicho, la derecha parece escribir (o pintar, o componer) mejor que la izquierda. T.S. Eliot, misógino, homosexual reprimido, monárquico, antisemita, escribió uno de los grandes poemas de todos los tiempos: The Waste Land. Ezra Pound terminó jugando a un tenis imaginario en su cárcel de Pisa para mantener el estado atlético. Y de paso escribía los increíbles Cantos Pisanos. ¿Qué hacía ahí? Estaba detenido acusado de traición a la patria, por apoyar a Mussolini. En la letra de Desolation Row, Dylan los hace pelear entre sí en la cubierta del Titanic.
James Joyce pensaba que la segunda guerra mundial era una mierda porque impedía la expansión de la influencia del Ulises. Francamente un artista es alguien en el que no se puede confiar. Su arte está por encima de todo y el cambio radical de una sociedad debe venir por el genio colectivo y no por la recalcitrante individualidad de esta gente. Sin embargo, cuando se vuelven seres sensibles, de izquierda, escriben bodrios como, por ejemplo, El Libro de Manuel, de Cortázar. El mejor Cortázar, sin duda, era el muchacho de derecha que se fue del país porque la casa estaba tomada por los parlantes que transmitían los discursos de Eva Perón. Acá el concepto de reacción se vuelve paradójico. La derecha expulsaba a la derecha. Pero hay una vuelta más. Muchos han querido ver a Arthur Rimbaud peleando en la comuna de París. Rimbaud, que escribió que "hay que cambiar la vida", y que propagó "el desorden de los sentidos", en realidad terminó como un autista, solo, en el desierto africano amarrocando oro para comprar nada. Pero su mensaje llegó, el desorden de los sentidos es el que pone en camino al personaje de Jack Kerouac en On The Road. Este libro iniciático lanzó a generaciones de jóvenes a las rutas del mundo. Ernesto Guevara hizo lo mismo, pero él, a diferencia de Kerouac y al igual que Buda, se dio cuenta de la miseria y el dolor y terminó tomando las armas. ¿Saben qué hubiera hecho Guevara ya convertido en comandante con alguien que le proponía el desorden de los sentidos? Lo hubiera fusilado. Lo mismo que hacen esos granjeros con los dos motociclistas de Busco mi destino.
Guevara -ícono de la imaginación al poder en el 68- escribió la contra cara de On The Road: Los diarios del Che en Bolivia. Una autobiografía kafkiana -y genial en términos literarios- de un hombre encerrado en un páramo estéril. Este libro es la distopía de la gloriosa juventud que se lanzó a cambiar el mundo. Este libro es mucho más contradictorio y antirrevolucionario -si lo vemos en términos pedagógicos de izquierda- que Paradiso, del Proust del Caribe. Por suerte, las obras de los artistas superan a los artistas, se vuelven impredecibles hasta para los mismos ejecutantes. En la repetición, regresan como una voz extranjera.
De todas formas, nos gusta vivir en el engaño. Creemos que el de un stone arrojando un televisor desde un balcón es un gesto de transgresión. Madonna nos parece una mujer que ha llegado para destruir todos los moldes conservadores. Nos parece que ella es la propia arquitecta de su guión personal. Pero en realidad sólo está representando un lugar común que no intranquiliza a nadie. Madonna es como Zoolander, un histérico obsesionado por cómo va a ser mirado.
La verdadera contracultura, o cómo se llame, que está sucediendo ahora mismo, es invisible. Cuando se hace visible, deja de existir. ¿Y qué voy a hacer con aquel póster de Invisible? Luis Alberto Spinetta (aquel pescado rabioso que escribió el famoso manifiesto rock duro música suicidada por la sociedad) que toca en la Casa Rosada (cuna del poder real) y en el Hotel Faena (cuna del poder virtual). Spinetta, uno de los músicos a los que podríamos llamar geniales, es, en realidad, un padre de familia glamoroso, que se considera "un dios", según lo dijo en un reciente reportaje. Tal vez esta disociación que nos obliga a hacer un músico o un escritor cuando lo escuchamos decir estupideces, podría servirnos para ver las cosas más claras. Impulsados por cierta ingenuo optimismo, hemos pensado que alguien que escribía "Los Libros de la buena memoria" tenía que ser un estadista preclaro a la hora de abrir la boca con, por ejemplo, el caso Cromañón. Pero el reciente reportaje a Spinetta en Página 12, no deja dudas: Spinetta es un pensador de derecha, mediocre, que, a la hora de componer, la rompe. ¿O es de izquierda? Cuando dice que: "Las masas van a ver ciertas bandas que responden al poder popular hirviente, con música sometida al hervor, caldeada por el hervor popular, que es como una especie de piquete inoperante de la expresión rockera", ¿qué está diciendo? La palabra piquete usada despectivamente -tan cara a los taxistas más fachos- está en boca de un artista notable. Lo cierto es que en la Casa Rosada y en el Hotel Faena, es imposible que alguien pierda la vida en un concierto de rock. Los muertos vivos, en cambio, parecen estar en el escenario.
Creo que se podría escribir mucho sobre el lugar que ocupan las piezas de los adolescentes en la arquitectura familiar. La pieza de mi primo, por ejemplo, era un lugar notable para mí. El era de la JP, era pintor y su pieza solía estar repleta de discos de los Beatles, Comics de Hugo Pratt y libros sobre Giacometti, Picasso y Pollock. También, en cierto momento, había bombas caseras. De alguna manera él era el vector que filtraba en mi casa paterna la efervescencia de los setenta. Con el tiempo, fue perseguido y golpeado, tanto por sus "Compañeros", como por la dictadura. Walter Benjamin contaba que los hombres que habían visto el horror de la guerra, volvían silenciosos porque no tenían nada para contar, habían perdido la experiencia. Mi primo, que pensaba que estaba cerca de la revolución, tuvo que perder.y se volvió un ser silencioso, un Rain Man. Y abandonó el arte y la política, por igual. Alguien le hizo Scratch a su vida y después de eso el disco ya no corrió igual. Algo similar le pasa al Motociclista de Rumble Fish, ese extraordinario poema de Francis Ford Coppola. A pesar de que Rusty James -su hermano- vive pendiente de él y le exige que vuelva a comandar las pandillas, éste se niega y se muestra desencantado con su pasado. "La droga mató a las pandillas", le dice. Y le agrega: "Para llevar gente hacia algún lado, primero hay que saber adónde ir". Y el motociclista es un poeta en estado terminal: cansado de las respuestas, ahora parece moverse en estado de pregunta. Esa incertidumbre tan difícil de soportar. Los que saben a dónde ir, no dudan.
Los que tienen que gobernar, no se pueden permitir el lujo de no saber qué hacer. Gran parte de las obras que me interesan están infectadas por el riesgo y la incertidumbre. Su hermano, que no ha logrado construir su propia individualidad y vive pendiente de lo que hizo El Motociclista en el pasado, se parece mucho a ese público estéril que vive esclavizado por el humor del artista. Para que el hermano resucite, El Motociclista se tiene que sacrificar. En este punto, volvamos a Spinetta. "Me parece que la gente no sabe respetar a sus dioses", dijo el músico en la mentada entrevista. Los dioses a los que aludía, claro, eran él y el parnaso rockero local. Si sólo tenemos vidas que intentan durar en el sentido más literal. Vidas suburbanas, insulares, fustigadas por la publicidad, por lo que se debe decir y vestir y sin una pisca de originalidad, estamos condenados, entonces, a vivir el fantasma de los demás: es decir, a construirnos sólo en lo que nos reflejan Spinetta, Maradona y otros célebres. Porque el mundo está parcelado en determinados campeonatos que siempre ganan otros. ¿Quién habrá inventado toda esta mierda? Me viene a la mente , ahora, ese momento de la película La caída, cuando una mujer muy joven se tira encima de Hitler y le dice: "Por favor, Führer, no nos deje caer, sin usted no somos nada. Díganos qué tenemos que hacer".
La gente mira televisión mientras prepara la cena de la noche y espera que alguien le diga qué es lo que tiene que hacer. Los primeros cazadores humanos vivían presionados por la obligatoria vigilia a la que lo sometía la presencia de los grandes depredadores. Esto no ha cambiado. Un par de tiros que se escuchen en la noche, y todos caemos en mano de la reacción.
por fabian casas
lunes, 4 de mayo de 2009
JIM
((cuento póstumo de Roberto Bolaño))
"El odio es una pistola fría" por Enrique Symns
Ha llegado la paz tan deseada por los comerciantes: el triunfo de la democracia asesina que mata con una invisible crueldad, crueldad más siniestra que la de los militares. En la tarjeta que el obrero marca a las seis de la mañana en la fábrica de filtros mecánicos para autos está ya dibujado el símbolo del Cuarto Reich, el implacable sueño de ordenar el mundo, la siniestra mente que somete a sus designios, la azarosa tirada de dados que la vida inventa. El orden es el intento del tiempo por matar la eternidad.
Desnudo, el plan nos dice con todo descaro: no hay más que esto. Todos los fantasmas de todas las miles de guerras y matanzas, de todas las luchas contra la esclavitud hoy brindan en las páginas de los diarios; aliviados, los bisnietos de los fantasmas lamen sus cadenas, porque ahora podrán tener sus cuatro paredes para cuidarse del cáncer.
Habrá ahora palabras de más sazonando un plato vacío. Una tela de ojos y la araña tejiendo en su miedo dormido. Tendrás esas luchas intestinas en la quietud: esa angustia que tanto te gusta, ese sufrimiento que inventás para no sentir el dolor del mundo que muerde, esa tristeza que te hace tan humano. Hay insectos nuevos: crecen en la desidia de la atención, anidan en ese laberinto mullido, casi shopping, que conecta el cariño con la dosis, la cama con el bar, todo el ruido que hacés con la boca para ocultar el silencio de tus actos.
El virus engramará sus mandatos en tu sinapsis.
En estos lugares que habito, ¿a qué jugaremos? La peste de la literatura, la música de la cárcel, las artes del consuelo. No habrá mal de amores sino amores del bien, como los locos de manicomio: un puré de rutinas para seguir moviendo las fichas de un juego perdido.
No son hombres aquellos que pueden imaginarse el mundo que viven. Ellos han vivido en un mundo imaginado y nada les duele y nada les goza. Odio ese futuro de plazoleta en donde los niños correrán en motos de video; odio al enemigo y acepto este destino. Seremos tragados para envenenarles el plan de sus siembras.
Estaremos en el corazón de todos los terremotos, en el cuchillo envenenado de todos los virus, vomitando junto a la furia de los volcanes. Resistiremos.
Brindo por esto: sobre la tumba del mundo escupirá uno de nosotros.
Enrique Symns - "Invitación al abismo"
domingo, 14 de diciembre de 2008
Cuatro!

Inés Cavanagh
Magalu
Sebastian Mc Loughlin
Proyecto Sr. Hope
Ber and The Incredible Fishing Band
Facu Cavanagh
Hernán Morales
Maestro Nicolas Zingaretti
Juego de la música
Anita Cavanagh
Melisa Cortez
Jam de Escritores de La Carlota
Dany Truant
Gonzalo Sosa
La caja mágica
La participación estelar de Quique Menditegui y las Quiquitas
Y más y más y más y más...
miércoles, 3 de diciembre de 2008
lunes, 1 de septiembre de 2008
The Dead Latinos
The Dead Latinos es una novela de rock & roll ficción escrita por el Sr Flavio (bajista de Los Fabulosos Cadillacs),publicada por Zona de Obras y en venta en Musimundo.Presentación oficial del libro: viernes 5 de sept a las 15:00hs en el marco de la Feria Internacional de la Música (BAFIM),Centro Municipal de Exposiciones, Av Figueroa Alcorta y Pueyrredón.
martes, 19 de agosto de 2008
jueves, 7 de agosto de 2008
Roberto Bolaño ((extracto))
Consejos sobre el arte de escribir cuentos del gran escritor chileno.-
Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos.
1) Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.
2) Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.
3) Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.
4) Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.
5) Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.
6) Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.
7) Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas saben nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!
8) Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.
9) La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.
10) Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.
11) Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.
12) Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo.
Noviembre de 2001.
Roberto Bolaño 1953- 2003
lunes, 23 de junio de 2008
Los “extras” menos pensados

EXCLUSIVO: FOGWILL, HORACIO GONZALEZ, LAISECA Y LEON FERRARI, AHORA ACTORES DE CINE.
En el rodaje de la película El artista, de Mariano Cohn y Gastón Duprat, los tres escritores y el artista plástico pasaron delante de cámaras para representar a un grupo de viejos en un geriátrico, embotados frente a un televisor.
Por Julián Gorodischer
Los ancianos más curiosos del Hogar Rawson se asoman al rodaje con ansiedad por saber si “llegaron nuevos internos”. Pero se trata de una escena de ficción, que transcurre en una sala de usos múltiples, donde debutan como actores Fogwill, León Ferrari y Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, luego de que la producción de la película El artista (de Mariano Cohn y Gastón Duprat) los convocara para hacer de viejos frente a una pantalla de televisión. Para Alberto Laiseca, protagonista del film junto al cantante Sergio Pángaro, es una rentrée, porque asegura que “todo escritor es un actor, ya que en caso contrario sus personajes no tomarían vida propia y hablarían con una única voz”.
Con una destreza que no es propia de los primerizos y la docilidad para dejarse guiar que no suele caracterizar al consagrado, León Ferrari acepta el convite por su amistad con el guionista y también actor de la película, Andrés Duprat (además, director nacional de Artes Visuales) y por lo que considera una oportuna narración crítica sobre el mundo de las artes plásticas.
toda la nota en: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/2-9840-2008-04-20.html
sábado, 7 de junio de 2008
Marcelo Birmajer "Las mujeres hermosas son como países petroleros"
Por Agustín J Valle - Publicado en Debate, Junio 2007
Marcelo Birmajer es uno de los más prolíficos escritores argentinos, con “al menos treinta” libros publicados, como dice, en menos de veinte años, y traducciones a nueve idiomas, aunque él aclara que “la cuantía no dice nada, no asegura calidad ni habla de un desprecio por ella. Yo vivo de escribir y además no sé hacer ninguna otra cosa, entonces produzco todo el tiempo”. Ha colaborado en más de cincuenta medios gráficos de habla hispana desde que comenzó en la revista Fierro, donde conoció al escritor Pablo de Santis, gracias a quien se acercó a la literatura para niños y adolescentes en la que tuvo gran éxito: su libro Un crimen secundario vendió, asegura, más de cien mil ejemplares.Su flamante novela, Historia de una mujer, distribuida por Seix Barral, es para adultos, público para el que se permite levemente más digresiones y reflexiones que en la llaneza de las ficciones para chicos, aunque siempre se piensa como un contador de historias de fogón. Nuevamente más inmerso en la temática de los vínculos amorosos y sexuales de nuestra sociedad, Birmajer escribió sobre Isabel Mansalvi, “la Cleopatra argentina”, una mujer esclava de su belleza inmune al paso del tiempo alrededor de quien los hombres llegan a las más insólitas acciones. Siempre cuidando la diversión del lector, la trama sucede intrigas y volteretas desopilantes de humor sarcástico. “Hace mucho que no sentía tanta libertad al escribir”, explicó el autor.
¿La novela tiene cierto trabajo de ingeniería en el armado del suspenso? Y a medida que avanza usted se va soltando, ¿no?
Yo nunca dejo nada al azar en las novelas, cada piolín que tiro tiene que llevar a una madeja concreta, así que eso hay que reviso mucho, todo tiene que coincidir, no puede haber errores de filiación de los personajes, épocas, y sobre todo de trama. Cada acción tiene que respetar la coherencia integral de la historia.Creo que es una novela desaforada. Como pocas veces en los últimos años en mi producción sentí esa palabra tan peligrosa que es libertad. La libertad puede conducir a la escritura automática, a un relato onírico, que para un escritor como yo, respetuoso de la estructura y que pretende ser tradicional, de pronto es un impulso que tiene sus riesgos. Pero lo disfruté, no me puse ninguna traba salvo mantener la linealidad y la coherencia interna de la historia, pero con exageraciones, con grotesco, con un costumbrismo falsificado, porque uso expresiones típicas de los porteños aunque no es una novela coloquial, es una novela más fantástica que realista a pesar de que no hay ningún dato demasiado fuera de lo común. La libertad fue no buscarle significado completo o conclusiones únicas a las cosas que se me iban ocurriendo.
En la novela impera el humor a veces de fondo y a veces abierto, pero también aparece una cara solemne, ¿cómo lo regula?
Sí, hay momentos melodramáticos. Sobre todo en torno al personaje del niño. Es cierto que el tono salta como una púa sobre un disco, pero es el mismo disco. La verdad es que este libro no me lo explico, ni por qué lo escribí ni por qué voy siempre en la cornisa entre realismo, la seriedad y la ironía. Que no es exactamente ironía; más bien sarcasmo, cinismo.
¿De qué figuras se ríe en esta novela?
Me río de todos, salvo del chico, de él no me puedo reír. De todos los demás me río; me río de Isabel, aunque mientras escribía la humillé mucho más que lo que salió publicado, me iba imaginando cosas más terribles con ella. Pero yo ya escribí historias pornográficas, para mi libro Eso no, y en otros textos míos aparece el sexo, y no me resultaba del todo atinado, me pareció que quedaba desajustado. El sexo concita demasiada atención, aparta al lector de la trama. Me parece peligroso el sexo en mi literatura. Es como la lucha armada: si vas a matar a alguien tenés que estar muy seguro del resultado previamente. Con el sexo lo mismo: si lo voy a poner tengo que estar muy seguro de lo que va a pasar. Yo a Isabel nunca la entrego. Pero volviendo a la pregunta, sí, me río de todos los personajes, que es un poco reírse de la condición humana; me río de mí mismo.
¿Se puede interpretar que Isabel a la vez víctima y a la vez causante de sufrimientos masculinos por doquier?
Es que ese es el sentido de la belleza, tiene una fisiología frágil; la belleza es por definición frágil. Yo no creo en la belleza masculina, creo que el hombre tiene otros atractivos, vinculados con la capacidad de mando, con el poder, por eso hay hombres mayores con mucho poder o gran capacidad de seducción que conquistan mujeres jóvenes y no sucede al revés. La belleza es intrínsecamente frágil, pero tiene un poder destructivo. Es como el vidrio: fácil de romper, pero puede matar. La fragilidad no es debilidad. Y eso lo comparten todos los seres humanos. Por otro lado, la amenaza de la propia desaparición tiene un impacto en el otro por muy poderoso que sea, y cuando una mujer bella dice “yo me puedo matar”, como Isabel en un momento, es la amenaza de perderla para siempre, y no hay con qué evitarla.La belleza, especialmente en los argentinos, provoca dos afanes muy fuertes: el afán de posesión y el afán de destrucción. La mayoría de los hombres de a pie de la calle que uno ve, ante una mujer hermosa, lo que les surge es el impulso de lastimarla, hacerle sentir el poder, los comentarios frente a las vedettes son siempre agresivos: te quiero romper, te quiero matar, te hago mierda. No veo nada de condenable en eso, en tanto no se materialice un daño. Ahora bien, tampoco intenta mi novela ser una radiografía ni tener valor sociológico, pero sí algunos paralelos, observaciones superficiales sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Hay muchas mujeres asesinadas en Argentina, y el cincuenta por ciento son muertas por sus maridos, amantes o novios. Ahí hay algo muy raro. Isabel en un momento asume internamente que se dejará golpear por su marido siempre y cuando sea con la mano abierta y no la haga sangrar; es el punto patético, porque a la vez tiene una completa incapacidad para decidir por qué está con ese hombre.
Ella no decide nada en toda la historia, o casi nada.
Yo creo que es como un país petrolero: sus dotes, sus dones, la hicieron incapaz de desarrollar cualquier otro recurso, especialmente el de la voluntad.
¿Qué anhela producir en sus lectores, qué efectos quiere de su literatura?
Creo que la literatura es inútil, pero que un libro tiene que ser útil. Tiene que ser un libro que se pueda entender. Tiene que ser un libro que te puedas llevar a la playa. Que te puedas sentar a leer. Y yo creo que la utilidad del libro es por un lado el conocimiento (que es la única riqueza que nadie te puede quitar), y por otro lado darle sentido a la vida. El sentido de la vida tal vez es comprensible, pero no explicable. Se puede sentir en una trama, pero no es inteligible y es muy difícil de transmitir. Creo que ahí también hay algo de por qué uno escribe: para darle sentido a la propia vida y, como único metalenguaje que puedo pensar, darle al otro ganas de vivir. Para mí la literatura perdurable surge de la discreción, no de los grandes enunciados vanguardistas. A mí me parece que del surrealismo quedó muy poco, mientras que de los textos clásicos sigue quedando lo que el surrealismo se proponía. El poder de los sueños está en los relatos tradicionales, y de la declamación de los sueños no queda nada. Todo cambia, menos las vanguardias.
miércoles, 28 de mayo de 2008
ASESINATO DEL ROCK por Pablo Dacal
El rock, al integrarse en todas las escalas del sistema de vida imperante, muere como canal de ideas nuevas y ocupa el lugar de la crítica dentro de la estructura del poder. Es otra oferta del discurso oficial, y atacarlo desde el Estado es parte del juego dialéctico. Creer que aún guarda algún poder de transformación es ingenuo y conservador.
El rock es antropofágico, y al ocupar socialmente el rol de música juvenil no permite ser desplazado. Quien tenga ideas nuevas deberá ser ingerido o pasar a la clandestinidad.
El rock, como todo género envejecido, añora su vitalidad original y vive enamorado de su pasado. Se expresa en el gesto de su juventud triunfante a través de la mirada pop. Creer que lo hace a través de la sexualidad o la violencia es falso: todos los géneros expresaron su propia sexualidad y violencia.
A través del pop hablan los arquetipos de la sociedad espectacular, utilizando ciertos géneros del siglo pasado, como el rock o el cine.
El mercado del rock oculta a la novedad proponiéndose como lo siempre nuevo. Decir que ya todo está realizado es parte de su truco: lo que ha sido hecho es solo lo que ha sucedido, lo nuevo esta por hacerse y no tiene nombre.
Te sedan con sexo, drogas, rock y tecnología.
Géneros como el rock pueden ser interpelados, disfrutados e incluso desarrollados mediante la tradición, pero el placer o el desarrollo de una tradición no tienen que ver con la construcción de ideas nuevas.
No se trata de fusionar o poner en tensión géneros y estéticas del pasado, si no de utilizarlos como herramientas para que aflore nuestra sensibilidad. Las rítmicas, los colores, el sonido, la armonía y la estructura compositiva que conocemos son instrumentos que una nueva idea puede requerir, o no.
Las vanguardias realizan una lectura pretendidamente novedosa sobre los géneros e ideas instituidas en un momento determinado. Los movimientos genéricos, en cambio, surgen tras una verdadera ruptura con lo establecido y dejan el dibujo de una nueva moral, pudiendo o no generar moda.
Para encontrar lo nuevo hay que atreverse a no formar parte de la sociedad artística imperante. Si no hay sitios donde mostrar ni medios que nos comuniquen, deberemos inventarlos. Hacer sin dudarlo, como un acto de fé.
En la reacción que la obra genera está el norte de nuestro movimiento: solo hay que saber oírla.
Una nueva sensibilidad no encuentra la manera de expresarse física y espiritualmente con facilidad.
La canción y la historieta son las formas narrativas de nuestro tiempo, cargan con la herencia secreta de la poesía y la tragedia, y continuarán existiendo cuando todo estalle.
El mundo tal cuál lo conocemos vivirá probablemente mucho menos de un siglo. Nuestra música, al igual que nuestra vida, debe dejar de relacionarse con temporalidades ficticias como el futuro o el pasado para enfrentar lo actual en toda su crudeza.
Cantamos nuestro idioma y vivimos nuestro sitio.
No nos alcanza el tiempo.
martes, 27 de mayo de 2008
lunes, 12 de mayo de 2008
Entrevista a Fogwill

martes, 15 de abril de 2008
Jam de escritura

Oliverio Coelho: publicó en el 2000, con solo 23 años , la novela Tierra de vigilia, La victima y los sueños -2002- Los invertebrales -2003- Borneo -2004- Promesas naturales -2006- y su última novela Ida- 2008-.
Samantha Schweblin: ganó la Antología de Cuentos del Fondo Nacional de las Artes y del Premio Haroldo Conti 2001. Su primer libro El núcleo del disturbio ganó el premio Planeta de cuentos y acaba de ganar el premio casa de las Américas 2007.

