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miércoles, 26 de marzo de 2008

Miguel! a 20 de su partida







Miguel "Abuelo" Peralta (21/03/1946) formó parte de los pioneros del rock nacional que se reunían en La Cueva, como Litto Nebbia, Tanguito, Moris y Javier Martínez. En 1967 formó "Los Abuelos de la Nada".
En 1971 se radicó en Francia. Allí editó varios discos, entre los cuales se destaca "Miguel Abuelo et Nada". Vivió en Europa hasta 1981, cuando de vuelta en Argentina resucitó a "Los Abuelos...", aunque con otra formación: Cachorro López, Gustavo Bazterrica, Daniel Melingo, Polo Corbella y Andrés Calamaro. Con esta banda grabó cinco discos, entre 1982 y 1986. Paralelamente, grabó "Buen día, día" (1984), una recopilación de sus últimos trabajos solista.
Una vez disueltos "Los Abuelos..." denominó a su nuevo grupo "Miguel Abuelo en Banda". Murió de sida el 26 de marzo de 1988.

martes, 25 de marzo de 2008

31 años de la desapación de Rodolfo Walsh



Rodolfo Walsh. Escritor y periodista. Detenido, desaparecido por la última dictadura militar argentina el 25 de Marzo de 1977

lunes, 28 de enero de 2008

"La hinchada te saluda jubilosa"


Textos futboleros, entrevistas y fotografías inéditas son la excusa ideal para rendir tributo a Fontanarrosa. " Disfrazado de tipo normal, se mimetizaba entre la gente para extraerle su esencia", sostiene Valdano.

Como buena obra futbolera, el libro está estructurado en seis capítulos que responden a los tiempos de cualquier partido de domingo; es decir, los tradicionales prólogo, primera y segunda parte y epílogo fueron reemplazados por la previa, el primer tiempo, el entretiempo, el segundo tiempo, el alargue y los vestuarios. “Disfrazado de tipo normal – explica Jorge Valdano desde la presentación – Fontanarrosa se mimetizaba entre la gente para extraerle su esencia. Así se apoderaba de las obsesiones de los argentinos en la calle, de nuestra singular voz en los cafés, de nuestras pasiones populares en las canchas”. “ Nos tenía tan calados que parecía no costarle esfuerzo descubrir los sueños colectivos más ocultos, ponernos frente a nuestras debilidades más inconfesables, traer lo simbólico al terreno de lo real”, agrega Valdano.

“La hinchada te saluda jubilosa”, publicado por la Editorial Fundación Ross, incluye textos de Carlos Cares, Gonzalo Bonadeo, Alejandro Fabbri, Ezequiel Fernández Moores, Chavo Fucks, Mariano Hamilton, Juan José Panno, Daniel Roncoli, Daniel Samper, Juan Sasturain, Ariel Scher, Miguel Tessandori, Gustavo Veiga y Juan Villoro, además de entrevistas de Marcelo Rosasco a Víctor Hugo Morales, Alfredo Obberti, Aldo Pedro Poy y Angel Zof.

martes, 9 de octubre de 2007

Hasta siempre


Hace 40 años Ernesto Guevara el "Che" era ejecutado en forma clandestina por el Ejército Boliviano con la colaboración de la CIA.
"Apunte y sostenga firme el arma: va a matar a un hombre".

jueves, 6 de septiembre de 2007

"On The Road" Cumple 50 años


Se cumplen 50 años de la publicación de una de las novelas emblemáticas del siglo XX: "En el camino", de Jack Kerouac.


Se sabe que poco antes de su muerte -en 1969 y a los 47 años de edad- Jack Kerouac se escondía bajo la mesa de la cocina de su madre y le pedía que alejara a esos viejos camaradas y jóvenes floridos que deseaban una audiencia con el Rey de los Beatniks y el Padre de los Hippies. "Estoy cansado de todos ellos esperando que yo salte y diga: sí, sí, está todo bien. Y eso ya no puedo decirlo", gemía. Y la culpa de "todo ese entusiasmo por conocerme" la tenía un libro publicado 12 años antes que hoy festeja su medio siglo de vida en la carretera.


Así, aunque En el camino fuera terminada seis años antes de su edición en 1957 y contara idas y vueltas de una década atrás -rastrear su convulsa y estática génesis en el imprescindible Windblown World: The Journals of Jack Kerouac 1947-1954- el 2007 es ya un inequívoco Año Kerouac y su obra insignia acelera a fondo varias reencarnaciones.


A saber: una edición aniversario; la publicación en formato libro del sacro rollo de papel de 120 pies de largo donde, durante 20 días, se redactó sin pausa ni puntos y aparte; su inclusión en la consagratoria Library of America; una versión que restituye párrafos censurados y que, respetando la casi última voluntad del autor, homologa los nombres de los personajes con los de -como se refería a su saga cerca del final- "el panteón de la Leyenda de Duluoz" y que convierte a Dean Moriarty en Cody Pomeray y a Sal Paradise en Jack Duluoz...


Sumar un Portable Kerouac y los aprestos para, por fin, una adaptación fílmica -producida por Francis Coppola y dirigida por Walter Salles- que entonces se pensó protagonizaría Montgomery Clift.
Y todo esto es merecido pero también innecesario. Porque si una novela ha conservado intacto su poder radiactivo esa novela es En el camino influenciando tanto a Bob Dylan, a ese descendiente mutante y químico que fue Hunter S. Thompson, a Johnny Depp y al Roberto Bolaño de Los detectives salvajes como a millones de jóvenes que no han dejado de salir a las rutas para unirse a "los locos, los locos por vivir, los locos por hablar, los locos de ser salvados y deseosos de todo al mismo tiempo, los que nunca bostezan o dicen un lugar común y que arden, arden, arden como fabulosos fuegos artificiales amarillos estallando como arañas atravesando las estrellas, y en el medio, ves como la luz azul en su centro aparece de pronto y todos hacen ah".


Atrás quedaron las opiniones viperinas (Truman Capote sentenció que "esto no es escribir, es mecanografiar"), los ataques de intelectuales que la condenaron como mala influencia (aunque fue celebrada por The New York Times) y las maquinaciones de la televisión, que primero la promocionaron como inevitable y discreto best seller de moda (Jackie Kennedy dijo que le había "encantado") y que casi enseguida convirtieron a Kerouac en un payaso salvaje súbitamente anticuado. Aquí y ahora, los años han puesto en su sitio a una bibliografía a la que no dejan de crecerle inéditos (el último ha sido Beat Generation, pieza teatral escrita por Kerouac en una noche de 1957, pensada para un Marlon Brando a quien no le interesó el asunto) y nada cuesta comprobar que se sostiene firme por encima de la mística y la automitomanía. Un corpus narrativo que parte claramente de un catolicismo-zen, que retoma visiones de Henry Thoreau, Herman Melville y Thomas Wolfe, y que -tanto en inspiración como en aliento- puede ubicarse junto a otras cosmogonías como las de Marcel Proust y William Faulkner.
En el camino no es la primera de su especie (pueden considerarse road novels, entre muchas otras, a La Odisea, Don Quijote, La vuelta al mundo en 80 días y El señor de los anillos), ni siquiera fue la que primero mencionó la marca beat o atestiguó las costumbres de la tribu (ese privilegio le corresponde a un tanto distante Go, en 1952, de John Clellon Holmes). Y el asesino accidental William Burroughs y el Aullido de Allen Ginsberg ya habían sido motivo de escándalo en 1951 y 1955. Pero En el camino sí se las ha arreglado, paradigmática, para seguir corriendo, no como artefacto nostálgico impulsado por la combustión atómica de la posguerra norteamericana, sino con el combustible atemporal de la más frágil de las amistades indestructibles. Ese amor absoluto que se profesaron Jack Kerouac y Neal Cassady y que, sí, los hizo arder a lo largo y ancho de un inmenso país que les quedaba chico.
Pasado el entusiasmo de la novedad y hasta que llegó la reivindicación post mórtem -lo mismo le ocurrió a F. S. Fitzgerald, otro escritor acusado de generacional en su momento- Kerouac se dedicó a suicidarse en cámara lenta. Pocos libros más tristes y derrotados se han escrito que Satori en París (1965). Y el hombre que no dejaba de moverse acabó en un crepúsculo paradójicamente sedentario. Un exiliado rey be-bop que detestaba al pop de los Beatles, odiaba al nuevo gurú juvenil, J. D. Salinger, apoyaba la guerra de Vietnam y defendía la figura del senador Joe McCarthy "porque supo como tratar a judíos y maricas". Un viajero chocado que alguna vez le había pagado en Portugal a una mujer para mirarla a los ojos por una hora y que agonizó, gordo de alcohol, en un lugar de Florida llamado San Petersburgo, frente a un televisor, viendo un programa de gastronomía doméstica. Alguien que tiempo atrás -escapando al rol de mesías generacional hip-cool, asegurando que "nunca tuvimos grandes ideas ni buscábamos alcanzar una nueva conciencia, tan sólo queríamos follar"- se había definido, apenas, como "un gran recordador redimiendo a la vida de las tinieblas que la rodean" y recomendaba a todo aspirante a escritor creer que "eres un genio, siempre".
Fácil de decir, difícil de hacer y -curvas cerradas, a toda velocidad, inflamable prosa espontánea- arriesgado de seguir. En cualquier caso, ahí está y seguirá estando este eterno manual de instrucciones para hacer ah llamado En el camino.


"Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas."
"En el camino". Jack Kerouac.

lunes, 20 de agosto de 2007