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jueves, 28 de mayo de 2009

GASTON DUPRAT Y MARIANO COHN, ANTE EL ESTRENO DE SU FILM EL ARTISTA


Los directores señalan el placer que les dio un guión “fresco y desprejuiciado”, las particularidades de tener en el reparto a dos actores no profesionales como Alberto Laiseca y Sergio Pángaro y las eternas discusiones alrededor de lo artístico.


La dupla conformada por Gastón Duprat y Mariano Cohn está de estreno: hoy se estrena el nuevo largometraje de los creadores de Televisión abierta. En El artista trabaja un elenco atípico, encabezado por el músico Sergio Pángaro y el escritor Alberto Laiseca, que ya había participado con estos cineastas en Cuentos de terror por el canal I-Sat, donde contaba historias de ese género. El artista marca también el pasaje del documental a la ficción por parte de Cohn y Duprat. El guión fue escrito por Andrés Duprat, hermano de Gastón, que, al ser curador, “vive desde adentro todo el mundo del arte”, según señala Cohn, quien agrega que “lo bueno de Andrés es que no es guionista. Este es su primer guión. Entonces, no carga con todos los tics que podría tener un guionista de cine o un director escribiendo un guión. Es desprejuiciado, y eso le da muchísima frescura”, asegura. Su coequiper, Gastón Duprat, sostiene en relación con el pasaje del documental a la ficción que “más allá de qué trate el guión o si es documental, tele o cine, siempre hay un punto de vista personal que excede el tema propio del guión. A través de una historia o una temática, uno puede poner un punto de vista más universal sobre muchas cosas”, explica.
El artista está notablemente filmada y Pángaro interpreta a Jorge Ramírez, enfermero de un geriátrico que cuida a un viejo que no habla (sólo dice “pucho”) y que está en silla de ruedas. El viejo Romano (Laiseca) dibuja, y ese hecho le va a modificar la vida a Ramírez, ya que el enfermero decide presentar las obras plásticas de Romano como propias en una galería y, a partir de entonces, entrará en contacto con el mundo del arte con todos sus defectos y virtudes, y llegará a ser una figura reconocida. La cosa se complicará cuando se opaque la creatividad de Romano. ¿Cómo hacer arte, entonces? El film plantea varios interrogantes sobre el complejo sistema del arte contemporáneo, y propone que cada espectador saque sus propias conclusiones. No deja el tema cerrado.
Otra de las novedades de El artista es que en dos escenas participan como “extras” el sociólogo Horacio González (director de la Biblioteca Nacional), el gran artista plástico León Ferrari y el escritor Rodolfo Fogwill. “Ferrari es amigo del guionista y nuestro. Es productor de la película y una vez que vio las primeras escenas dijo: ‘Yo quiero estar. Pónganme en el geriátrico’”, confiesa Duprat. Si bien la película no tiene un tono bizarro –algo que Cohn y Duprat habían experimentado en la TV—, lo cierto es que la escena de intelectuales haciendo de viejitos vestidos con pijamas en un geriátrico se aproxima bastante a ese tono. “Pero en realidad fue por afinidad”, asegura Duprat. “A Ferrari le divertía estar, Fogwill es muy amigo de Alberto Laiseca, a Horacio González siempre le gustó mucho Ciudad Abierta (el primero, no el desastre posterior). Se dio por afinidades. Después, en un momento, se juntaron estos próceres de la cultura para hacer de viejos decrépitos. Fue también para pasar una tarde agradable con ellos, todos juntos filmando en el Hospital Rawson”.

–¿Consideran que esta película es más universal que sus trabajos anteriores, porque quizás no tiene tantas marcas de códigos locales? ¿Cómo pudieron percibir esto en las presentaciones del film que hicieron en el exterior?

Mariano Cohn: –Lo bueno es que es un tema universal, hasta diría que es un tema existencial: qué es arte, qué no, qué es una obra de arte y qué no. La ventaja es que es una película que se puede proyectar acá, en Nueva York o en Alemania. El arte trasciende cualquier lugar, no es una película que esté pensada para un público argentino que va a las muestras de arte. El tema supera el país desde donde se lo mire. Es transversal: en todos los países sucede lo mismo con el arte.

–¿Cómo piensan que puede recibir esta película alguien del mundo del arte?

Gastón Duprat: –Es un recordatorio de las preguntas sin respuesta que rondan el arte, y de las cuales la película tampoco quiere dar respuesta: cuándo una obra de arte es una obra de arte y cuándo no, cuándo alguien es un artista y cuándo no, cuándo pasa de un lugar a otro, por qué no se considera una obra de arte en un momento y en otro sí, por qué el contexto hace que cambie la obra en sí. Preguntas complejas que la película vuelve a mencionar y que no quiere clausurar.

M.C.: –También si un artista necesita tener técnica para ser artista o si una idea o concepto es más que una cosa material.

–¿Establecen una crítica a la obra de arte como objeto mercantil?

G.D.: –Tal vez esté, pero de modo lateral. La película no hizo pie en la crítica a eso. Es solo uno de los aspectos pero no queríamos que se encasillara ahí, para no reducirla. Tratamos de tocar un tema más amplio que la crítica o el cinismo sobre el mundo del arte, que son fáciles porque hay muchos estereotipos muy expuestos y muy coloridos que daban para hacer humor o ironía. Tratamos de dejarlo de lado.
M.C.: –Algo importante también es que las pinturas que dibuja el personaje que interpreta Laiseca no se ven. Hay una cámara subjetiva donde el que se ve es el espectador de la obra. La crítica en Roma dijo que lo que está bueno de ese gag es que enfrentás al espectador de la obra con el de la película, como si hicieras un tajo en el cuadro.

–Teniendo en cuenta que no es un actor profesional, ¿cómo fue el trabajo con Laiseca? ¿Por qué pensaron en él?

G.D.: –Tanto Alberto Laiseca como Sergio Pángaro no son actores profesionales, pero de hecho son artistas y amigos nuestros desde hace mucho tiempo. Estaban perfectos para el rol, probamos mucho, siempre nos gustó cómo conformaban los personajes y, además, el hecho de no ser meros actores y ser también grandes artistas en sus rubros como la literatura y la música, podían aportar puntos de vista propios a las preguntas que formula la película. De hecho, el personaje de Laiseca en el guión era un viejito sumiso, débil, hacia adentro. Y él hizo un viejo que si bien no habla y está en silla de ruedas, es muy poderoso. Está como encarcelado, inconforme y con mucha densidad.

–¿Y el hecho de que el viejo Romano no hable fue para potenciar la expresividad de Laiseca?

G.D.: –Sí, nosotros hablamos con él y le dijimos: “Tenés la cara, los ojos, el bigote y las manos”.
M.C.: –Después hace un gran aporte a través de las coreografías de las manos cuando pinta. Este era un tema a resolver ya que como no mostrábamos la obra, había que definir de qué manera se plasmaba al tipo pintando. El trajo toda esa coreografía armada.

–El film no parece hacer mucho hincapié en el robo de las obras de arte. Es decir, no condena moralmente al enfermero...

M.C.: –Por más que hagas la lectura de si es robo o no, en ningún momento queríamos achicar la película a eso. Sí queríamos plantear un interrogante. De hecho, no se sabe si es artista o no, si es robo o si no.
G.D.: –Y de hecho cuando él se tiene que poner a dibujar por presión del galerista, ya que el viejo deja de hacerlo, copia dibujos de Romano y el curador le dice que son una porquería, que son rígidos. En cambio, el galerista le dice que están bárbaros. O sea, que logra filtrar una. Tal vez el personaje de Sergio, en principio, sienta culpa porque está usurpando un lugar y haciendo uso de la obra de otro, pero se instruye, conoce la obra de Duchamp y ahí empieza a entender que no solo es válido hoy el que sabe hacer algo con sus manos, sino quien lo pone en valor.
M.C.: –Es el hecho artístico por sobre la obra.
G.D.: –Y si uno analiza el caso de la película, ese viejito con sus dibujos tirados en el geriátrico no iba a ningún lado. El enfermero logró que la sociedad diga “este hombre es un artista”. Es el cincuenta por ciento de la obra.

–¿Buscaron trabajar un punto de ambigüedad en el personaje de Pángaro?

M.C.: –Sí. Por momentos es genio, y en otros, es tonto. Esa era la tarea difícil de Sergio. Por momentos, no se sabe si es un genio o no, como pasa con todos los artistas. Esa ambigüedad la intentamos trabajar y tuvimos que cuidarnos durante toda la película de que no se nos fuera.

–¿Cómo trasladarían la reflexión sobre la autoría a su propio campo, el cine?

G.D.: –Pasa que en las artes plásticas funciona mejor este tema porque hay mucho distanciamiento entre éstas y el público común. Nadie entiende una jota. De golpe, ves un objeto como una obra de arte y vale millones. Ves otro parecido en otro lugar y no vale nada. La lógica interna es incomprensible. En el cine eso no pasa ya que la gente se atreve a opinar, a descalificar. Pareciera que la gente sabe de eso. Todo el mundo tiene su director favorito. El mundo de las artes plásticas da mucha tela para cortar porque hay un abismo entre el profesionalismo y la gente que camina por la calle.

–¿Y cómo entienden ustedes la creación artística a partir del argumento de este film?

G.D.: –Hay una parte de la creación artística que me parece la más interesante: la que excede al propio artista, sea un consagrado o un chico que recién empieza copiando de los libros de arte de moda. Los artistas no controlan el cien por ciento de los significados de lo que hacen. Controlan una parte. Ellos piensan que es todo pero hay un montón de significados que se les cuelan. Eso hace interesantes a las obras, sean horribles o buenísimas. Esa parte es la que más me interesa: la que no manejan los artistas, la que no pueden controlar, la que es a pesar de ellos. De hecho, obras hechas desde la ignorancia y la chantada de copiarlas porque están de moda, tal vez dan cuenta mejor del mundo actual que una obra consumada y acabada. En el caso del cine, también me divierten mucho más las cuestiones no controladas por los directores que lo que ellos supuestamente controlan.

–¿Y qué preguntas se hicieron ustedes, en un principio, sobre el mundo del arte y que después buscaron plasmarlas en El artista?

G.D.: –Al momento de hacerla, nos preguntábamos: “¿Sería factible un caso así? ¿Un parco enfermero, un tipo embrutecido puede colarse en ese mundo snob y de las galerías?” Y a mí me parece que sí. En la película se interpreta que el enfermero, en vez de estar callado porque no tiene nada para decir, está callado porque tiene grandes reflexiones profundas que no dice.

Gastón señaló hace un tiempo que El artista es una mezcla de cine de autor y de cine narrativo. ¿Podría ampliar este concepto?

G.D.: –Cine narrativo es porque, en un punto, tiene una narración no abstracta, un cuento absolutamente convencional, una historia que puede seguir cualquier persona. No hay cosas encriptadas, no hay abstracción narrativa: lo que sucede, sucede de manera explícita. Ahora, la puesta en escena es de autor. O sea, es un guión convencional (para mi gusto buenísimo) pero con una puesta en escena que no corresponde a ese género. Eso lo hicimos adrede: se produce un híbrido que nos gusta muchísimo.
M.C.: –No tenés dónde ampliarlo, no tenés referencias para compararlo. Es un punto de partida nuevo.

jueves, 7 de mayo de 2009

Hoy!


Ber Stinco en el programa radial "Locos por el Globo" de Parque Patricios.


Angelito

Se juega como se vive
Dicen por ahí
Angelito que lindo
Debe ser vivir así

Cuando estética y ética
Se llevan tan bien
Se llama campo de juego
Vos lo entendiste muy bien

Entre tanta mezquindad
Vos como un niño jugás
No usa tiza usa pincel
Imaginación al poder

Sale Cappa y la espada
Que la usen los demás
Ángel va desarmado
Solo quiere jugar

A soltar las palomas
A bailar al jardín
Esta historia es el medio
Es que el medio es el fin.



Ber Stinco 09

nota y canción al gran "Angel Cappa". se puede escuchar on line en http://www.locosporelglobo.com.ar/ a Ber charlando con Angel Cappa (¿?)

+ info en: http://www.facebook.com/event.php?eid=76220583774&ref=mf o http://www.thefishingband.blogspot.com/

jueves, 11 de septiembre de 2008

Entrevista a David Lynch



Que la disfruten!

((PD: esta en portuñol basico))

martes, 19 de agosto de 2008

sábado, 7 de junio de 2008

Fogwill en Hemisferio Derecho



(Perdón por Majul)

Marcelo Birmajer "Las mujeres hermosas son como países petroleros"

Por Agustín J Valle - Publicado en Debate, Junio 2007

Marcelo Birmajer es uno de los más prolíficos escritores argentinos, con “al menos treinta” libros publicados, como dice, en menos de veinte años, y traducciones a nueve idiomas, aunque él aclara que “la cuantía no dice nada, no asegura calidad ni habla de un desprecio por ella. Yo vivo de escribir y además no sé hacer ninguna otra cosa, entonces produzco todo el tiempo”. Ha colaborado en más de cincuenta medios gráficos de habla hispana desde que comenzó en la revista Fierro, donde conoció al escritor Pablo de Santis, gracias a quien se acercó a la literatura para niños y adolescentes en la que tuvo gran éxito: su libro Un crimen secundario vendió, asegura, más de cien mil ejemplares.Su flamante novela, Historia de una mujer, distribuida por Seix Barral, es para adultos, público para el que se permite levemente más digresiones y reflexiones que en la llaneza de las ficciones para chicos, aunque siempre se piensa como un contador de historias de fogón. Nuevamente más inmerso en la temática de los vínculos amorosos y sexuales de nuestra sociedad, Birmajer escribió sobre Isabel Mansalvi, “la Cleopatra argentina”, una mujer esclava de su belleza inmune al paso del tiempo alrededor de quien los hombres llegan a las más insólitas acciones. Siempre cuidando la diversión del lector, la trama sucede intrigas y volteretas desopilantes de humor sarcástico. “Hace mucho que no sentía tanta libertad al escribir”, explicó el autor.

¿La novela tiene cierto trabajo de ingeniería en el armado del suspenso? Y a medida que avanza usted se va soltando, ¿no?

Yo nunca dejo nada al azar en las novelas, cada piolín que tiro tiene que llevar a una madeja concreta, así que eso hay que reviso mucho, todo tiene que coincidir, no puede haber errores de filiación de los personajes, épocas, y sobre todo de trama. Cada acción tiene que respetar la coherencia integral de la historia.Creo que es una novela desaforada. Como pocas veces en los últimos años en mi producción sentí esa palabra tan peligrosa que es libertad. La libertad puede conducir a la escritura automática, a un relato onírico, que para un escritor como yo, respetuoso de la estructura y que pretende ser tradicional, de pronto es un impulso que tiene sus riesgos. Pero lo disfruté, no me puse ninguna traba salvo mantener la linealidad y la coherencia interna de la historia, pero con exageraciones, con grotesco, con un costumbrismo falsificado, porque uso expresiones típicas de los porteños aunque no es una novela coloquial, es una novela más fantástica que realista a pesar de que no hay ningún dato demasiado fuera de lo común. La libertad fue no buscarle significado completo o conclusiones únicas a las cosas que se me iban ocurriendo.

En la novela impera el humor a veces de fondo y a veces abierto, pero también aparece una cara solemne, ¿cómo lo regula?

Sí, hay momentos melodramáticos. Sobre todo en torno al personaje del niño. Es cierto que el tono salta como una púa sobre un disco, pero es el mismo disco. La verdad es que este libro no me lo explico, ni por qué lo escribí ni por qué voy siempre en la cornisa entre realismo, la seriedad y la ironía. Que no es exactamente ironía; más bien sarcasmo, cinismo.

¿De qué figuras se ríe en esta novela?

Me río de todos, salvo del chico, de él no me puedo reír. De todos los demás me río; me río de Isabel, aunque mientras escribía la humillé mucho más que lo que salió publicado, me iba imaginando cosas más terribles con ella. Pero yo ya escribí historias pornográficas, para mi libro Eso no, y en otros textos míos aparece el sexo, y no me resultaba del todo atinado, me pareció que quedaba desajustado. El sexo concita demasiada atención, aparta al lector de la trama. Me parece peligroso el sexo en mi literatura. Es como la lucha armada: si vas a matar a alguien tenés que estar muy seguro del resultado previamente. Con el sexo lo mismo: si lo voy a poner tengo que estar muy seguro de lo que va a pasar. Yo a Isabel nunca la entrego. Pero volviendo a la pregunta, sí, me río de todos los personajes, que es un poco reírse de la condición humana; me río de mí mismo.

¿Se puede interpretar que Isabel a la vez víctima y a la vez causante de sufrimientos masculinos por doquier?

Es que ese es el sentido de la belleza, tiene una fisiología frágil; la belleza es por definición frágil. Yo no creo en la belleza masculina, creo que el hombre tiene otros atractivos, vinculados con la capacidad de mando, con el poder, por eso hay hombres mayores con mucho poder o gran capacidad de seducción que conquistan mujeres jóvenes y no sucede al revés. La belleza es intrínsecamente frágil, pero tiene un poder destructivo. Es como el vidrio: fácil de romper, pero puede matar. La fragilidad no es debilidad. Y eso lo comparten todos los seres humanos. Por otro lado, la amenaza de la propia desaparición tiene un impacto en el otro por muy poderoso que sea, y cuando una mujer bella dice “yo me puedo matar”, como Isabel en un momento, es la amenaza de perderla para siempre, y no hay con qué evitarla.La belleza, especialmente en los argentinos, provoca dos afanes muy fuertes: el afán de posesión y el afán de destrucción. La mayoría de los hombres de a pie de la calle que uno ve, ante una mujer hermosa, lo que les surge es el impulso de lastimarla, hacerle sentir el poder, los comentarios frente a las vedettes son siempre agresivos: te quiero romper, te quiero matar, te hago mierda. No veo nada de condenable en eso, en tanto no se materialice un daño. Ahora bien, tampoco intenta mi novela ser una radiografía ni tener valor sociológico, pero sí algunos paralelos, observaciones superficiales sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Hay muchas mujeres asesinadas en Argentina, y el cincuenta por ciento son muertas por sus maridos, amantes o novios. Ahí hay algo muy raro. Isabel en un momento asume internamente que se dejará golpear por su marido siempre y cuando sea con la mano abierta y no la haga sangrar; es el punto patético, porque a la vez tiene una completa incapacidad para decidir por qué está con ese hombre.

Ella no decide nada en toda la historia, o casi nada.

Yo creo que es como un país petrolero: sus dotes, sus dones, la hicieron incapaz de desarrollar cualquier otro recurso, especialmente el de la voluntad.

¿Qué anhela producir en sus lectores, qué efectos quiere de su literatura?

Creo que la literatura es inútil, pero que un libro tiene que ser útil. Tiene que ser un libro que se pueda entender. Tiene que ser un libro que te puedas llevar a la playa. Que te puedas sentar a leer. Y yo creo que la utilidad del libro es por un lado el conocimiento (que es la única riqueza que nadie te puede quitar), y por otro lado darle sentido a la vida. El sentido de la vida tal vez es comprensible, pero no explicable. Se puede sentir en una trama, pero no es inteligible y es muy difícil de transmitir. Creo que ahí también hay algo de por qué uno escribe: para darle sentido a la propia vida y, como único metalenguaje que puedo pensar, darle al otro ganas de vivir. Para mí la literatura perdurable surge de la discreción, no de los grandes enunciados vanguardistas. A mí me parece que del surrealismo quedó muy poco, mientras que de los textos clásicos sigue quedando lo que el surrealismo se proponía. El poder de los sueños está en los relatos tradicionales, y de la declamación de los sueños no queda nada. Todo cambia, menos las vanguardias.

lunes, 12 de mayo de 2008

Entrevista a Fogwill


“Tengo caca de pájaros en todo el techo del auto, hace varios días. Si se seca del todo se endurece, se pega, y al sacarlo te arranca la pintura. Como mañana me voy a Francia (donde presentan una compilación casi completa de mis cuentos), tengo que llevarlo al lavadero hoy. Así que me acompañás, lo dejamos ahí y nos buscamos un bar callado para charlar, que éste es un barullo.”

Fogwill me lleva la ventaja de tener un plan inamovible.

El coche, efectivamente sucio, tiene varios años, pestillos manuales y dirección mecánica; es “de escritor”, como dirá luego. El estilo brusco del vehículo encuentra coherencia en el manejo del conductor, quien desestaciona sin reparo por los autos lindantes.

Fogwill ya me había contado que se iba a Europa, en los mails que intercambiamos. Tuvo un error de tipeo que resultó en hallazgo poético: “Encantado de hacer la entrevista, el problema es el tiempo: estoy en Chile por trabajo, vuelvo el jueves y el lunes salgo nuevamente, por la maldita literatura, para España y rancia”. Me daba su número en Buenos Aires y agregaba: “Mientras tanto me ubicás en un celular chileno, a dos mangos el minuto, ¿valdré tanto?”.El celular. Ahora se lo olvidó: “Mirá, pasamos por el hotel, a buscar mi teléfono, y vamos al lavadero. Hoy, domingo, el único abierto en este lado de la Capital está en Corrientes y Yatay”.¿Hotel?

“Sí, viste, me separé hace unos meses. Bah, mi mujer me echó, y no puedo pagar dos luz, dos gas, dos banda ancha, dos todo; estoy en un hotel.”

La segunda vez que nos encontramos, para continuar la conversación, Fogwill acababa de instalarse en un departamento palermitano, ex morada de Adrián Dárgelos, quien, dicho sea de paso, cita al autor en “Putita” (Infame) aquella “piel donde roza la bambula” que se describe en La experiencia sensible, novela publicada en 2001. “Adrián es un lector amigo”, explica Fogwill.Pero ahora –en el ahora de esta nota–, de camino al lavadero, Fogwill estaciona frente a una puerta de madera como de conventillo, donde entra dejando tras de sí la puerta del auto abierta. Así queda, mientras lo espero.

Además de sucio por fuera, el coche por dentro es un caos. Lo primero que se me ocurre es ponerme a buscar canutos. Fogwill mismo me dio la idea, con el Pichi, protagonista de Vivir afuera (novela de 1998 que apostó a captar la esencia de la década del 90), quien deja porros ocultos por la ciudad para días después recogerlos y consumirlos. Pero además uno tiene una imagen de Fogwill nadando en excesos, imagen construida por él mismo (se cansó de decir cuánto se drogó) en colaboración con las distintas capas que rodean el ambiente y la práctica literaria. Mato la espera, pues, buscando. Sin embargo, bajo las alfombras de goma, en los bolsillos de los asientos y los recovecos de las puertas hay mil cosas, pero nada de tanto valor.Por fin sale Fogwill, canchero. Está de vuelta, Fogwill. Hasta es trillado decir que está de vuelta, y él lo sabe. ¿Funcionará la literatura con rebote en la meta, como el ludo; un éxito demasiado solidificado restará interés frente a los pares?

De nuevo camino al lavadero, maneja inclinado más cerca del volante que del respaldo, como escudriñando el empedrado. Me pregunta si sé cuál es Yatay. Le doy mis referencias de ubicación e instrucciones para llegar, pero me interrumpe diciendo: “No, el mejor camino es tal y cual”, porque resulta que él en los 80 trabajaba en la escuela ort de Yatay, único lugar argentino donde tenían unas máquinas de cómputo que este sociólogo nacido en 1941 utilizaba en estudios de mercado. Repitiendo laa actitud me dijo en otro momento: “En situaciones de prensa no se puede hablar de literatura”.El único lavadero abierto, por supuesto, está lleno. Rebasa: hacemos cola de autos sobre Corrientes. Fogwill divide su atención entre avanzar los metros que a cada ratito quedan libres y mirar el tránsito, que zumba veloz a nuestro lado. No estamos, obviamente, cara a cara. Y el tiempo pasa.“Dale, che, empecemos, porque parece que no va a haber café después”, dice.“¡¿Acá?!”Balbuceo alguna pregunta, medio mala, que se hace mala del todo en el silencio insolente de mi interlocutor, ocupado en otros estímulos: “Un, dos, un, dos, un, dos”, relata el vaivén de un par de tetas que pasa por la vereda.Los autos que van por Corriente casi nos rozan; los golpes de aire mueven el auto como un bote en el agua. Los nervios comienzan a ganarme. Me aferro a las preguntas preparadas con buenas horas de lectura y reflexión; pero la muletilla de Fogwill es empezar las respuestas diciendo, y cito textual: “No, no, no sé, no sé, no”.

Incómodo bajo el cinturón de seguridad, repaso cada detalle que me llamó la atención al investigar.–César Aira, cuando conoció sus cuentos, en 1982, dijo que no eran cuentos sino viñetas…–No, no, yo escribo, loco, no tengo problema con los géneros. Aparte Aira, en aquella época, estaba muy cerca de mí, y entonces me leía y escuchaba mi voz, y pensaba que todo lo que contaba yo, lo había vivido; él, que no tenía una vida, viste, era un, qué se yo, un muchacho. Salió de la pensión del Opus Dei donde vivía para casarse.–¿Eso genera diferencias a la hora de escribir, la experiencia de vida?–No, no sé, no sé. Aira tiene un gran conocimiento de..., de todo.Era un amague. Esperando sobre el asfalto en el auto encendido, Fogwill recién calienta los motores para el petardeo. Y yo cada vez más extraviado. A lo seguro:–¿Qué va a publicar próximamente?–Sin apuro saldrá mi obra completa hasta 2006, pero antes, en noviembre, un libro de poemas que posiblemente se llame Gente muy fea, porque habla del mundo urbano de la ciudad de Buenos Aires. En el mismo mes publicaré con Interzona una novela que hasta ahora se llama La introducción (de la que aparecieron anticipos en España en Revista de Occidente) y también acordamos la gradual publicación de mis novelas agotadas y no distribuidas en el país.–¿Novela sobre qué?–¿Qué querés que te diga? Sobre mí. No, mejor, sobre el mundo. Poné que es sobre el mundo.–¿Por qué sigue con una editorial chica como Interzona [ya hizo la nouvelle Runa y la quinta edición de Los Pichiciegos]?”–Las grandes editoriales son el camino más rápido a la mesa de saldo. De sus libros buenos venden cuatrocientos, y encima casi todos son malos. Pero de golpe les ofrecen tres o cuatro mil mangos a pibes que están en la lona y agarran; van a la mesa de saldo al par de meses y así es como los desgastan.–Salvo si uno está consagrado…–No, no: salvo si uno es una máquina de hacerse propaganda, como soy yo.–¿Eso le viene de su carrera como publicista? [Fogwill, asesor de marketing, fue responsable de los horóscopos Bazooka e inventó nada menos que el eslogan “El sabor del encuentro”.]–No, no. Es la personalidad. Hay grandes escritores que en la cancha pueden ser virulentos peleadores y después en la literatura tienen miedo. ¿Pero de qué? ¿De fracasar? Si ser escritor ya es fracasar. ¿Qué peor te puede pasar? ¿Cuál sería el éxito de un escritor? ¿Ganar el premio nacional, 1.500 mangos por mes? ¿La jubilación de un sargento?La fila avanza finalmente. Subimos el cordón, atravesamos la vereda e ingresamos en el lavadero. Noticia: es uno de esos en los que hay que quedarse en el auto mientras lentamente atraviesa el túnel de lavado.“¡Eh, hay que cerrar todo, no se puede joder acá!”, advierte Fogwill.Olas de espuma caen repentinamente sobre nosotros. Cubren el auto, convertido en una cápsula ciega desde donde escuchamos toda clase de ruidos: rodillos, mangueras a presión y máquinas desconocidas operando en la cinta transportadora. El bochinche fordista es total. Fogwill y yo nos encontramos riendo.–Entonces, ¿qué me decías? –pregunta.–Eehh, no sé, es una situación bastante extraña...“Dale, dale, dale”, me alienta; pero resuelve hacerse cargo directamente: deja una mano en el volante y con la otra toma el grabador. Para neutralizar el ruido, le habla al micrófono, y como mira al frente, yo casi sobro.“Ser escritor es fracasar en la vida. Casi todos terminan mendigueando la beca, el pequeño premio. Una mina para casarse quiere un tipo que tenga no esta mierda [y golpea el volante], sino de Volkswagen Gol para arriba, y que pueda comprar departamentos; y los escritores no pueden, terminan, de viejitos, en el mejor de los casos, ganando luca y media por mes del premio nacional, el que es profesor a lo sumo otra luca, y si los editores les pagan dos libros por año son diez lucas, o sea 3.300 pesos por mes, y con eso no se paga ni el seguro de uno de esos autos.”De golpe mi puerta se abre –¡¡fusshh!!– y, de no ser por un reflejo salido del puro susto, una especie de astronauta me rociaba los pies con un liquido arrojado a toda presión.–¡Ahora te sacan a vos y te lavan! –dice Fogwill.–Uf, si logro armar una nota sumergido entre todo esto…–Je, je. Sí, impresionante, la próxima vez traigo a los chicos [sus hijos], se van a cagar de risa acá. Eso sí, unas ganas de mear da esto... Vengo de tomarme dos tés, y esto inevitablemente te da ganas de mear.Como si estuviera escrito, cuando finalmente el túnel nos escupe limpios y salimos a la luz, la primera pared que vemos tiene bien grande pintado: “Baños”. El va sin perder tiempo. En eso me encara un lavandero: “¿Falta aspirar éste?”, pregunta ya manoteando para abrir el baúl. Justo llega el dueño. “¡No, che, el baúl no, que ahí tengo la droga!” Fogwill, que tiene libros y no droga en su baúl, es también un cantor. Llena los silencios de la conversación entonando vocales que da gusto: un show. Pero incluso al hablar su voz es magnética, y noto que, lenta pero sólidamente, los empleados del lugar nos rodean (cinco o seis, petisos, morochos). Intento retomar la conversación.–¿Entonces el arte ocupa necesariamente un segundo lugar?–Tenés escritores como [Ricardo] Piglia, que una vez declaró no haber tenido hijos para dedicarse de lleno a la literatura –relata Fogwill frente a su nutrido y atento auditorio–. ¡Qué horror! Cuando escuché eso yo tenía cuatro hijos (ahora cinco), y me imaginaba un tipo usando forro todas las noches para que después no venga un chico a molestarlo cuando está en la computadora, y luego chupándole la concha a su mujer con gusto a goma. ¡Qué horror!
Los lavanderos y yo estallamos. Fogwill lame la miel de este efímero pero rotundo éxito narrativo.“¿Cuánta propina dejan los tacheros? Bueno, yo voy a dejar el doble, pero acuérdense, y que se enteren los tacheros.”Me pregunta: “¿Tu grabador no es digital, no? Qué lastima, estaría para tenerlo en MP3, es una historia muy linda”.–¿Usted piensa la escritura desde las historias?–No, pienso desde las frases; escribo una y después se me ocurre una historia para completarla.–¿Se acuerda de las primeras frases de sus textos?–Claro, la primera frase de Los Pichiciegos era “Hoy mamá hundió un barco”. Siempre estudié textos de memoria, pero además, en la cárcel [estuvo preso durante la dictadura, bajo el cargo de defraudación] el juez no permitía que me llegara papel, ni libros, entonces recitaba e intentaba escribir de memoria; por supuesto que cuando el capellán del bunker de Caseros me autorizó cuaderno y lápiz, olvidé todo lo que había compuesto. Y Muchacha punk empieza: “En diciembre de 1978 hice el amor con una muchacha punk. Decir hice el amor es un decir, porque el amor ya estaba hecho antes de mi llegada a Londres …”.Mis muertos punk, libro en que está incluido el cuento de la muchacha ídem, fue la primera publicación en prosa de Rodolfo Enrique Fogwill, en 1979 (años después empezó a firmar sólo con el apellido, “como Platón”). En 1980 Muchacha punk ganó un premio patrocinado por la gaseosa más famosa; entonces dejó su carrera de publicista y comenzó la literaria, aunque ya había publicado en 1978 los poemas de El efecto de la realidad. A diferencia de congéneres escritores como Juan José Saer, César Aira o el propio Piglia, Fogwill irrumpió bien de adulto en la escena literaria nacional.Puede decirse que Fogwill es un escritor nacional; pero dicho esto no consintiendo la apropiación patriótica de todo lo que acontezca entre Ushuaia y La Quiaca; ni siquiera porque sus temáticas lo confinen a la agenda del país. Más que pertenecer, a lo largo de su obra en prosa, la pluma de Fogwill estuvo a la caza de lo argentino, persiguiéndolo, buscando dar cuenta de eso que, como el tiempo, todos sabemos que existe pero nadie podría definir.
Sobre Los Pichiciegos (que transcurre mayormente en una cueva malvinense improvisada por desertores del ejército), por ejemplo, dice: “Pretendía ser un trabajo hacia el habla argentina. Pero no sé si lo logró. Ya en esa época para mí la nación no era más que la lengua. En los 80 yo decía que podría escribir de nuevo Pichiciegos sin Guerra de las Malvinas: no era una novela sobre la guerra”.
El registro del devenir local de una lengua (o de la facultad misma del lenguaje) no clava al autor ni a la obra al lugar de origen; más bien otorga valor transcultural: editado en varios países iberoamericanos, Fogwill fue traducido al francés, alemán, croata y chino mandarín. Además, según dice, “los fucking british publicaron Pichiciegos con el título de mala leche Malvinas Requiem. Pero pagaron bien”.Mediante su cuantiosa obra de cuentos, novela y poesía, y su intensa (aunque intermitente) labor de polemista cáustico en los debates culturales, Fogwill desarrolló un culto a su personalidad y se hizo una parcela en la zona mejor valuada de la literatura vernácula. Por ejemplo, la nada menos que quinta edición de su novela de 1982 perdió por sólo dos votos en la encuesta por el libro más importante de 2006 que organizó entre escritores y críticos el suplemento cultural del diario Perfil. Ganaron las 723 páginas de Donde yo no estaba con que se despachó Marcelo Cohen. Cuando iban empatados, y a sabiendas de ello, Rodolfo Enrique votó por su colega.“¿Cómo afecta la consagración las motivaciones que lo impulsan a escribir?”, le pregunto en el auto ya limpio, que avanza quién sabe a dónde, mientras ansío que la “linda historia” recién compartida lo haga más dócil a este hombre.“Voy sabiéndolo mejor. No tengo ya demasiado interés en que aquello de lo que me convenzo sea verdadero o falso, ya no tengo que ganar discusiones ni concursos en la facultad.”–¿Pero cuáles son las motivaciones?–Escribir para mí es pensar. Es cierto, aunque sea pensar sobre la frase (y no sé si hay maneras de pensar fuera de una frase). Y escribo para no ser escrito, para no ser narrado por el discurso social que circula y tengo que repetir. Y ahora siento que a medida que voy escribiendo, que sale un libro nuevo, o que tengo un texto nuevo satisfactorio (porque los libros no me importan una mierda, acá todos hablan de los libros y nadie de los textos), siento que obtengo una victoria, porque no es algo que me mandaron. A mí me haría muy feliz ganar un premio grande, como el Cervantes, de 250 mil euros, sería muy feliz. Pero si yo pudiera hacer un libro bueno, pero un libro bueno-bueno, como El discurso vacío, de Mario Levrero, sería más feliz. Tan feliz como si hubiera ganado un premio, aunque claro, estaría mal porque estaría deprimido, sin plata. Porque muy lindo el prestigio, pero ¿dónde está la plata, loco?–¿Qué es lo que más le importa, ahora?–Trabajar, escribir y criar a mis hijos, que es lo que más me divierte en la vida. Yo ya soy viejo. Pero no creo que llegue el momento en que no tenga que mantener hijos, porque la capacidad de procrear no depende de la intensidad de las erecciones. Y si no, adoptaré o me compraré uno de algún modo. Me gustan los pibes, educarlos, divertirlos, hacerlos felices. Que sean radicalmente distintos de mí.

Luego de esa frase que desmiente, al menos en parte, su vanidad, Fogwill estaciona frente a la puertita de madera del hotel, a una considerable distancia del cordón.“¿Sabés? El otro día salí del hotel y me fui en auto, y cuando volví estacioné en el mismo lugar donde estaba antes. Al bajar encontré, junto al cordón –¡no lo podía creer!– mi mp4.”–¿?–Sí. Es como un mp3 pero que también pasa videos. Pero yo lo uso para audio, sobre todo escucho poesía. Grabé cuatro horas de poesía acá adentro –me muestra el diminuto aparatejo, que tiene un cordón con el que ahora se lo pasa por el cuello.En este punto, Fogwill me dice: “Che, mirá, mi solución es así: tengo tiempo hasta las siete, pero quiero tomar unos mates. ¿Subís? Te voy a convidar uno o dos”. Está por meter la llave en la cerradura cuando alguien abre desde adentro, un tipo joven que al vernos sonríe de movida: el dueño del lugar. Mi compañero cumple con esas ganas de risa, y le explica, señalándome: “El va a estar un rato nomás; es un travesti, cogemos y se va”.El hotel, que como muchos funciona más bien como pensión, tiene una arquitectura desquiciada. Es medio cerrado, medio al aire libre, y está plagado de escaleritas irregulares y pasillos torcidos; subimos, bajamos y doblamos tantas veces que, cuando Fogwill se detiene frente a una puerta de chapa, ya no sé hacia dónde queda la calle. La pieza es de dos por tres, y tan desordenada como una habitación de película que ha sido saqueada. Estira un poco la frazada de la cama de una plaza. “Acá tenés lugar para sentarte, tenés tu living…”En medio del caos, resplandece, como perla en un barrial, una laptop divina, que Fogwill no demora en encender. Parado en medio del cuarto –o sea, a un paso de todo–, señala cosas dispersas: “Chocolate, galletitas, ¿querés un pedazo de pollo?”. Apunta al lavamanos del baño, cuyo contenido es también bastante original (casi anómalo), y lo ofrece: “¿Uvas?”.Dentro de su palacio minúsculo, la imagen pública belicosa cede al educado anfitrión. “No, gracias, comí una zanahoria grande antes de venir.” “Lo bien que hacés”, dice mientras saca un frasco ámbar de medicamentos. “Mirá, yo tomo esto. Pastillas de caroteno. Lo necesito y no tengo tiempo de comer zanahorias.”Parece que se cuida, Fogwill. Lo que no me deja del todo tranquilo son las lastimaduras en los antebrazos, simétricas, casi rituales: negros moretones con sendas costras de sangre coagulada y supurante. Rodolfo Enrique Fogwill lleva su brazo diestro a la boca y bebe ruidosamente de su oscura sangre.–¿Herida nueva?–No, viste, son los andariveles. Estoy haciendo mariposa, en la pileta, y con la brazada golpeo las cuerdas.Nada todos los días, y hace gimnasia. En cualquier caso, la solidez de su obra, así como tolera los excesos de su conducta, también sobrevive, campante y fecunda, a la refutación de su imagen mítica.Sentado y con un mate se me ocurre por fin una pregunta de verdad:–Si escribe para no ser narrado por el discurso social, que supongo acordaremos reduce el sentido de las cosas a su productividad monetaria…–Sí, sí, sí…–… y al mismo tiempo la recompensa que más espera de la escritura es la plata: ¿no está hilvanando el acto liberador según la lógica opresiva?–Por supuesto, por supuesto.–¿Y? ¿Eso no es una derrota?–No sé. Me parece que es un fenómeno contemporáneo. Balzac utilizaba el apremio económico como estímulo para escribir, pero en la actualidad el apremio económico es también un apremio institucional, toda una cosa muy compleja, que te impide, viste, impide. Lo que más impide es el poder editorial, que obliga a escribir cosas legibles. Los buenos libros son ilegibles; Los Pichiciegos, al salir, era casi ilegible. Las faltas sintácticas de los personajes fueron censuradas en La Nación diciendo que se notaba que la novela fue escrita muy rápido. Algunas cosas eran demasiado obvias en ese momento, como la derrota argentina. Pero otras cosas eran impensables, como el retorno democrático, anunciado en la novela. A la semana de haberla escrito, la llevé a varias editoriales. Durán, dueño de la editorial española Legasa, que editaba a [Jorge] Asís, me dijo que la editaba instantáneamente, desafiando el poder de los milicos, si yo le agregaba un acto heroico por parte de los pichis, heroico por la patria. Y los de Galerna me ofrecieron cualquier plata para pedalearme, mientras mandaban un tipo a hacer entrevistas que desembocaron en el libro Los chicos de la guerra, con el que se llenaron de plata. Como si un pibe de 18 años que tiene que matar fuera un chico, ¡por dios! Llamarlos chicos, y poner a las asociaciones de psicólogos al servicio de “curarlos” fue una maniobra para desmalvinizar a la Argentina. Los estigmatizaron de arranque, por eso la tasa de suicidios es mayor que entre los leucémicos y sidosos terminales.Para escribir Los Pichiciegos, Fogwill declaró haber usado su conocimiento del frío (solía navegar por los mares del sur), de la colimba y de los pibes. Pero la sustancia que regula todas las acciones a lo largo de la novela es el miedo. “Yo viví años con miedo, loco. Está bien que era un miedo anestesiado, pero era miedo al fin. Yo había sido trotskista, y una vez los milicos tuvieron secuestrado durante meses a un tipo que vivía un piso debajo mío, pensando que era yo. En los últimos años de mi carrera empresaria yo vivía con miedo, me mangueaban de todos lados, me buscó la cana durante un mes. Cuando caí preso se me pasaron todos los miedos. En la cárcel fui el tipo más libre del mundo.”

Fogwill acaricia su laptop con los ojos y putea por no tener internet en el hotel. “Tengo que conectarme. Si me acompañás al cíber, después te acerco a tu casa.”

Vamos al cíber.

Mira la pantalla echando levemente la cabeza hacia atrás, para ver a través de sus anteojitos de leer, apoyados en medio del puente nasal. “El correo lo abro mucho; te digo, yo sigo el correo por las peleas y por la guita. Hace poco mantuve un conflicto en Chile con varios escritores, periodistas, qué se yo, porque me negué a firmar apoyando a una escritora para el premio nacional, y me acusan de machista todas las feministas y las tortilleras, y de querer llamar la atención.”–¿Por qué se trenza en esas trifulcas? ¿Le resultan un espacio de pensamiento?–Sí, con la tensión, la urgencia, se me ocurren ideas.–¿O sea que no es sólo propagandismo sino también una forma de estimular la producción?–Sí, aprendí un montón de cosas.–Sus contrincantes le sirven, entonces. ¿Los quiere?–Sí, la verdad que sí, es gente buena. Salvo a Quintín, a quien no le guardo cariño, aunque sí lo respeto como escritor.–¿Considera que lo dicho en reportajes es parte de la obra, una actividad literaria?–Sí, por supuesto. Es una actividad ficcional; si la ficción pertenece a la literatura, es literaria. Para un escritor creo que todo es parte de la obra. También la elaboración de su imagen pública.


Agustín J Valle

Publicado en Rolling Stone, Junio 2007


(Rodolfo Enrique siempre la rompe en las entrevistas)

martes, 12 de febrero de 2008

Entrevista a Alberto Laiseca






"En mi taller literario nunca tuve un alumno tan malo como yo"

Fue a los 23 años que Alberto Laiseca terminó de darse cuenta de que la ingeniería no era lo suyo. "Un buen día comencé a escribir, pero lo hacía muy mal", cuenta sobre sus inicios. Dueño de un estilo personal, que él mismo bautizó como "realismo delirante", asegura que los chicos no leen nada y, en cambio, pierden su tiempo chateando con novias o novios virtuales. "Internet, junto con la tarjeta de crédito y el teléfono celular son inventos del Príncipe de las Tinieblas", denuncia.

viernes, 1 de febrero de 2008

Entrevista a Enrique Symns


Publicada en la Revista Güarnin - mayo del 2006

Por Pablo Tassart.-


LOS REDONDOS, NIETZSCHE, BURROUGHS, COCAINA, POESIA, LUCA, SEXO, ROCK CHABON Y LA INFATIGABLE TEORIA DEL COMPLOT, SON ALGUNOS DE LOS TEMAS QUE ENRIQUE SYMNS DESGRANA A LO LARGO DE ESTA ENTREVISTA. UNO DE LOS POCOS PERSONAJES INDOMABLES DE LA CULTURA ARTÍSTICA MARGINAL DE LAS ULTIMAS DOS DECADAS. ABRE LA BOCA Y NO QUEDA NADIE EN PIE.


Memorias de un viejo indecente


Enrique Symns no se cansa de decir que ya tiene 60 años y que quiere vivir en la leyenda. Con su melena de canas largas, encarna una especie de profesor locovich diabólico que afirma que no se avergüenza de no tener nada: “Esta ropa que tengo puesta no es mía, me la regalaron”. Se confiesa mientras se le escapa su rosada panza por entre los huecos de una camisa a la que le faltan algunos botones.


“Y que querés: me quedé pelado, estoy gordo, las chicas no me quieren besar porque se me cayeron los dientes”, se lamenta por celular ante un hipotético Sebastián Ortega durante su obra Un guión para Tinelli, en el Café Ghandi. La misma se realizó todos los sábados hasta el 1º de abril junto al actor Hector Ledo y fue escrita por Symns cuando estuvo viviendo en el Bolsón.


“Tres días sin dormir, mucha merca, pum-pum, y listo”, cuenta riéndose y acaparando la tensión de todo el bar La Perla, donde se realiza la nota. Por esos pagos del sur también hizo radio en la FM comunitaria ALAS, hasta que se cansó de ver lo poco que cobraban quienes allí trabajan.Igualmente hoy sigue haciendo radio. En AM 1110 Ciudad, hace La noche del cazador todos los viernes de 22 a 1, según él sólo para poder pagar el alquiler de su reciente retorno a Buenos Aires.


El héroe del whisky, como lo llamó alguna vez el Indio Solari, saborea su ginebra de las cinco de la tarde y muestra su libro próximo a salir. Según Symns, En busca del asesino, es un thriller real sobre un crimen en el que él estuvo involucrado. “Es mejor que el otro pero se va a vender menos”, analiza refiriéndose a la publicación El señor de los venenos, que ya va por la 3º edición y en el que cuenta sus aventuras y recuerdos de la época en la que era el monologuista oficial que abría los shows de los Redonditos de Ricota hasta comienzos los ‘90.


Años en los que flameaba como bandera under su revista Cerdos y Peces. En ésta, además de notas a las nuevas figuras del rock (el Indio llegó a publicar poesía y dibujos bajo un pseudónimo) o del teatro independiente, Symns inventaba fabulosas entrevistas con Miky Rourcke y o firmaba notas simulando ser el escritor William Burroughs.


De allí surgió su teoría del Complot, por la cual afirma, todavía hoy, que la humanidad está controlada por leyes absurdas, considerando la familia y el hogar como uno de los instrumentos de dominación que posee el sistema. En este contexto aparece el espacio de lo salvaje del bar cómo lo opuesto a la domesticación familiar.


- ¿Qué te sugiere que en Castelar haya un bar que se llame Tarzán?

Y mirá, dentro de lo que es la construcción tremenda que es la ciudad, que consiste en la eliminación de toda trasgresión con lo regular de sus calles y sus veredas. Es la encarnación del capitalismo. O sea te educan desde niño para tres cosas: estudiar, trabajar y casarte. Eso es el proyecto de la ciudad. Y ahí se terminó la aventura, dejás de ser un niño y te convertís en uno de esos bastardos que andan por acá.El bar ante esto es el último lugar en donde todavía existe la aventura posible. De que te pase algo distinto. En los otros lugares nunca te va a pasar más nada, ¡y menos en el hogar! En el bar entonces están las conversaciones transgresoras, están los amigos marginales, los intelectuales, las putas. Hasta los posibles romance. Y por lo tanto lo llamo la selva. De ahí puede estar la posibilidad de ser un Tarzán. Aunque sea por un rato. Porque el bar, si bien es el último reducto, la última porción de selva que le queda a la ciudad, es muy pequeño.
El repaso por el oeste nos lleva a los vagos recuerdos de Enrique y sus visitas al Indio cuando vivía en Ramos Mejía. Pero también a Hurlingham y a su música.
-¿Qué opinas de Divididos y Las Pelotas? ¿Cuánto hay de Sumo allí?Son los hermanitos menores de Luca, muy menores. Divididos no me gusta, Las Pelotas un poco más, por su experimentación. Pero no es lo mismo, yo lo extraño a Luca. Era un gran creador, el mejor de todos. Un tipo de una enorme cultura. Él se hacía el bruto pero no lo era.La última vez que me lo encontré a Luca estaba haciendo algo distinto en el Parakultural. Él ya estaba podrido de Sumo, del éxito. Porque él vino y trajo una música alucinante, pero era todo lo que ya sabía, por eso creo que de lo que estaba podrido era de él. Además no tenía competencia porque Los Redondos no existían comparados con él. Ellos nunca podrían haber llegado a tanto si Luca no se moría. No porque no tenga talento el Indio, sino porque Luca era lo máximo. Tenía algo que ellos no tenían, era un Jim Morrison. Yo siempre lo digo: ‘vos veías caminar a Luca por la calle Corrientes, y la calle se movía’. Un loco, un demente… Ya no hay más de esa especie!


- Lo último que había escuchado de vos antes de los del libro era un tema que grabaste con los uruguayos de La Tabaré, “Soy un virus”. ¿Con esto te referís al viejo Complot?

Sí, pero es algo serio. Lo he hablado con virólogos. La palabra es un virus traído por extraterrestres para dominarnos. Ellos se alojaron en el cerebro de los monos hace millones de años y les enseñaron a hablar para poder sobrevivir. Cuando los monos hablaban ellos respiraban. Pero es una teoría que no es mía. Lo podés rastrear en Tótem y tabú de Freud o en El trabajo de Burroughs.Porque el origen de la palabra es un misterio, es imposible hablar. Pero lo han logrado junto con otras invenciones: palabras, letras, el dinero, el trabajo, Dios. Imaginate, ¡la nada!


- Y la noción del tiempo ¿Cómo juega?

Otra invención. Porque los científicos se olvidan de que el tiempo y el espacio no existen, son leyes creadas por la mente. ¿Qué es lo que nos transforma en esta especie de monos especiales? La invención del calendario. Porque, como diría Artaud, ‘cuando crearon el reloj nos hicieron esclavos de nuevo. Nos sacaron el grillete de los tobillos y lo pusieron en la pulsera’. El reloj te mata, te va envejeciendo, te va destruyendo la vida. Por eso es hermoso ver a un hombre con el ojo de un tigre, acechando al tiempo para matarlo.


-¿La educación es parte del complot? ¿Para qué hay que estudiar?

Al final hay que estudiar porque tenés que aprender a utilizar el lenguaje. Yo veo a los niños chiquitos y es maravilloso. Un niño hasta los tres años vive 7 mil años, porque no existe el tiempo. Luego con el lenguaje, se le empiezan a transmitir conocimientos, entre ellos el tiempo. Lo agarra una maestra (¿sabés que quiere decir maestra? Amaestradora) y lo convierte en un panadero, en un estudiante de sociología, ¡en una mierda! Sin sueños, sin poesía. ¿Cuántos quedan que sobreviven a ese matadero de almas en que consiste la educación? Porque un ser humano lo que tiene que hacer es nunca dejar de ser niño. O sea ser un duende. Porque un duende es eso: es un ser escondido en el rostro de un viejo.


-¿Y ser un duende que implica?

Nunca rendirse. No saber nada. Es como si vos fueras el extraterrestre que mira a los mandriles vivir. Y encima una vida impiadosa, desagradable. ¡Viven en parejas! No conozco una sola pareja que sea feliz. Se casan y dejan de flotar. Empiezan a preocuparse. Dejan de coger, de besarse la concha. Se convierten en cajas de seguridad, cuidan la economía. Porque la base del capitalismo no es la familia, es la pareja. La base de la maldición del mundo es que un hombre y una mujer se enamoren. El amor es una psicosis colectiva. ¡Cuando el hombre se enamora se convierte en un imbécil! En un degenerado. Lo dijo Freud: ‘el encuentro entre el hombre y la mujer es imposible’, porque cuando el hombre se enamora busca a su madre (¡mirá que mierda de sujeto!) y la mujer busca en el hombre a Dios, busca algo más misterioso. Pero no lo encuentra. Ninguno encuentra al otro, entonces se forma ese nido de frustraciones donde comen, duermen, cagan, tienen hijos y reproducen la maldición.


-Vos siempre dijiste que la única manera de escapar del Complot era a través de la locura. Hoy en tu obra, Un guión…, el discurso que primero es políticamente correcto cambia cuando las drogas hacen efecto ¿El punto de contacto es que el gobierno del inconciente es lo que permite sustraerse, aunque sea por momentos, del complot?Puede ser. Yo por ejemplo la locura la pude experimentar a través de las drogas. La que más me llevó adentro de fue la cocaína. No el ácido lisérgico o la mezcalina que me metieron en experiencias excepcionales o que me asustaron. La cocaína es la que me introdujo en el manicomio de mi cerebro. Me metió en las cadenas asociativas. Me hizo ver lo que es el cerebro, que es como una radio en la que hablan los demás. Porque yo soy un sujeto hablado, en el que hablan mis padres, mis abuelos, no yo. Entonces cuando vos comprendés que sos hablado y te ponés a escuchar la radio que habla, ahí comienza la locura… o el psicoanálisis. Yo elegí el camino de la locura. Entonces cuando vos tomás cocaína y te pasás días sin comer y sin dormir, llegás a lugares del cerebro impensados. Niesztche lo decía así: ‘cuando vos mirás el abismo, el abismo te mira. Y le gustás’. El inconsciente quiere que vos hagas eso. Que sufras, para que él goce.


- En tus notas y libros es constante la mentira. O sea citar autores o firmar con nombres falsos. ¿La mentira es un recurso para salir del complot?

Pero esas no son mentiras. Son trucos lingüísticos. Por ejemplo si yo tengo algo importante para decir se lo adjudico a otro, porque si lo digo yo nadie me da bola. ‘Entro a tu casa y cago en el comedor, ¡la concha de tu madre! ¿De quien es el comedor? ¡Mi metro cuadrado es mío!’, dijo Nietzsche. Entonces todos dicen ‘¡Ah que bien!’ Pero si lo dije yo, nadie me da bola.Pero la mentira es otra cosa. Por ejemplo vos estás casado. Conocés a una chica, te la cogés. Vas a tu casa y no tenés por qué contarlo, ¿por qué vas a hacer daño? Eso es una mentira. Hay derecho a tener secretos. Pero te dio el teléfono. La llamás. Y le decís a tu mujer que vas a trabajar. Dos mentiras dan un engaño. Y después con el tiempo se hace tu amante. Muchos engaños dan traición. Entonces la gente está acostumbrada a traicionar. Todos viven traicionando.¿Vos por qué creés que los rockeros no me dan bola? Tipos que son ricos, que hasta hace poco tiempo veía. Porque yo soy testigo de esa traición que hicieron. Porque siempre quisieron eso. Tener una pileta llena de conchas, con cámaras de video, sanguches de solomillo de no se donde y viajar en un avión jet-set.


Después de lo que pasó de aquella discusión por el caso Bulacio, en la que les reprochaste el no haberse puesto al frente de los reclamos ¿volviste a tener contacto con alguien de Los Redondos?

Al Indio nunca más desde aquello, pero me gustaría verlo. Cuándo llegué a Buenos Aires los vi a Skay y a Poli. Están hechos dos gorditos. Son dos pelotudos. En cambio el Indio sigue siendo el mismo tipo sufrido. Millonario pero malo. Siempre le molestó la gente, nunca podría haber estado como nosotros en este bar. Por eso me gusta, porque es un jodido.


– A pesar de la pelea siempre noto en vos un tono de cariño para con él, por más que lo critiques.

Sí porque yo lo amo. A él y al Semilla (Bucciarelli). Por ejemplo las canciones que me dedicó son geniales. En El héroe del whisky el me trata de frívolo y tenía razón Yo cogía todo el tiempo y me encantaba. Y en el otro (El blues de la artillería) también todo es cierto. ‘Que cabe todo lo mío en una maldita valija’, estoy orgulloso de eso, de no tener nada. Ese tema es todo un halago. Pero después se metió con que yo vendía merca (‘Líder dealer sin freno…’) y era cierto también. Pero, como dije en ese momento, yo vendía cocaína porque era un tipo honesto. No andaba inventando canciones que ‘viajo en trenes’ y resulta que después me compro mansiones de lujo. Pero bueno, fue una pelea muy dura, muy desgarrante. Pero yo los amo. Es más el disco que más me gusta es justamente La mosca y la sopa, después no hicieron nada más bueno.


-¿Qué te parece lo que están haciendo hoy?

Bueno El Indio todavía tiene algo. Del último disco tiene un tema muy bueno. Lo de Skay no me gusta. Del resto del rock de acá casi no conozco. El ‘rock chabón’, me parece patético, sin poesía, sin música. Pero además me parece asqueroso que el rock se haya puesto de moda y se codeen con el jet-set. Porque lo peor que le pasó a la música es Santaolaya. Es un vendedor de almas, un Tinelli. Por eso ganó ese premio de mierda. Yo me acuerdo que los Bersuit, eran buenísimos! Me encantaba el peor disco que hicieron, Don leopardo. Era el mejor! Hasta que después los agarró este tipo y empezaron a hacer discos de mierda y a decirle cosas emocionantes y cálidas a la gente.Porque son un clan. A todo el arte le está pasando algo siniestro: la pintura tiene el curador. El productor es más importante que el músico. ¿Cómo es esa mierda? O sea que Van Goh no hubiera existido, Beethoven tampoco si no fuera por el intermediario. Yo fui a presentar mi libro y un editor que quiso venir a decir cómo tenía que escribir. ¡Lo mandé a la mierda!


EXTRA QUE NO SE PUBLICÓ

Eso es lo único que se. Y además que hay una infelicidad tremenda rondando el alma de la gente. Y que lo único que está prohibido es el éxtasis. Y lo provocan muy pocas cosas: el sexo, el cariño y las drogas.


- ¿Y por qué está prohibido?

Eso te lo va a contar Freud. Con la prohibición del incesto. Por qué te parece que lo único que está prohibido en todas las sociedades no está escrito en ninguna ley. Sabías que yo puedo coger con mi madre y no está prohibido por ninguna ley. Porque es un tabú. El tabú es el secreto. El malestar de la cultura está sostenido por ese secreto. Y la familia entera está contraída en base a eso: no podés coger con el tío, con el abuelo, con el cuñado, con la suegra. Y lo único que hay que coger es todo eso y está prohibido. Y lo te dejan a tu esposa que es lo más inverosímil. Lo único que no hay que cogerse en este mundo es a tu mujer. ¡Es atroz!


- ¿Porqué es atroz?

Y porque es una porquería tu mujer. ¿Quién es? No la conocés. No es la perversión total. No es aquella nena que le querés chupar la concha, no es ti vieja. No es nada, entendés.A mi me cogió mi tía, por ejemplo. Si no te cogió tu tía estás cagado. Alguien tiene que meterte en el territorio de lo perverso. Y convertirte en un perverso poligámico. O sea la monogamia es un invento sacerdotal. La fidelidad, todo ese sorete inmundo, para que la gente no haga nada. Para que se estanque la energía. A los frígidos les conviene. Por eso el SIDA cayó tan bien ¡Qué buena noticia para la Iglesia Católica! Fue tremendo para nosotros. En los ’80 con todos los rockeros nos chupaban la pija siete, ocho mujeres y nosotros chupábamos conchas todo el tiempo ¡Era maravilloso! Ahora llegó el SIDA y se terminó todo.

sábado, 24 de noviembre de 2007

entrevista a Juan José Gorasurreta


Encontramos una entrevista que Juan José Gorasurreta, quien será uno de los participantes más destacados de “Para Todos Luz” le concedió a la "Revista Sur Cultural".
Que la Disfruten y nos vemos en las Primeras Jornadas Abiertas de Cine de La Carlota.



Sur Cultural: Puedes presentarte? Es decir una mínima biografía o reseña de tu actividad en relación al cine y alguna obra en la que hayas participado. Ej. "La intemperie sin fin" el documental sobre la vida de Juan L. Ortíz.Juan


José Gorasurreta: Nací hace 57 años. Descubrí el cine como medio de expresión en los locos años 70.

En el Cine Club Santa Fe tuve la formación tanto técnica como humana. A partir de allí, me interesé por el cine y pude realizarlo (más de 10 cortos entre ellos el mediometraje LA INTEMPERIE SIN FIN, documental sobre Juanele; DESPERTARÉ DENTRO DE 10 MINUTOS (largo experimental) y ENTRE GALLOS Y MEDIANOCHE, colectivo documental sobre la caída de Angeloz. En estos momentos, estoy terminando de guionar un largometraje, diagramando un libro sobre mi relación con el cine y un documental (ya filmado) sobre Alcira López de López, ceramiquera filmada en los años 60 por Raymundo Gleyzer, que vive aún. Me gusta hacer crítica cinematográfica, escribir cuentos y alguna que otra reflexión a la deriva en servilletas de los bares.


Sur Cultural: Entre lo del Cine Club Sta. Fé y tus 25 años en "La Quimera" seguro pudiste ver infinidad de películas que a esta altura de tu vida puedas mencionar como verdaderos clásicos del cine mundial.


Juan José Gorasurreta: Sin dudas, he podido ver algo de cine en mis 37 años de relación con él. Películas que me marcaron mucho fueron NUEVE CARTAS A BERTA del español Basilio Martín Patiño, HISTORIA INMORTAL de Orson Welles, PADRE PADRONE de los Hermanos Taviani, entre otros. Hubo autores que impusieron ciertos rasgos sobre mí, caso Jean Luc Godard, Rainer Werner Fassbinder, Pier Paolo Pasolini, Federico Fellini, el 'Negro' Ferreyra, Leopoldo Torres Ríos, la novelle vague, el cine experimental alemán de los años 20, la National Film Board of Canadá, especialmente Mc Laren,.

Estoy muy contento con la nueva generación de realizadores que surgen en diferentes países del mundo: Sudeste asiático, africanos, rusos, independientes norteamericanos y los argentinos, a pesar de su variada diversidad de estilos, temas y compromisos.


Sur Cultural: Puedes hablarnos de los directores y actores mas representativos y que en tu opinión marcaron una época no solo por la excelencia de sus películas, sino por el mensaje de humanismo o sensibilidad en temas de la guerra, el amor o la representación de personajes de la historia. Desde luego, si es posible menciona el género y/o actores.


Juan José Gorasurreta: Si hay en el cine un realizador/actor que tiene que ver con un compromiso directo con el humanismo en temas sobre la guerra, el amor o personajes de la historia, ese hombre es Roberto Rossellini. Películas como ROMA CIUDAD ABIERTA, PAISA, ERA NOCHE EN ROMA, EL AMOR, SOCRATES, PASCAL, SALVADOR ALLENDE y su libro que debería figurar como lectura obligatoria en todas las escuelas de cine del mundo: UTOPIA, AUTOPSIA y 10 A LA DECIMA. No solamente fue un precursor en temáticas de vigencia en el momento de filmar, sino que ellas, siguen plenamente actuales, siendo la estructura que dio a sus filmes tanto en 35 mm. como para la TV, lo que certifica esa vigencia, ese 'estado de gracia' de toda su obra.


Sur Cultural: Alfred Hitchcock, Charles Chaplin, la era Disney o el cine de Fellini, W. Allen o Almodovar constituyen íconos verdaderos del 7º Arte. ¿Cual sería la forma de que nuestro pueblo, nuestros estudiantes, los trabajadores, los docentes tengan acceso a ver y enseñar la grandeza y el genio de todos ellos como una cultura de todos los días?


Juan José Gorasurreta: La forma más aconsejable es VER esas filmografías, discutirlas e insertarlas en el quehacer creativo cotidiano. Los modernos métodos de reproducción, permiten hoy ver estos filmes que nunca antes pudieron verse. Debe señalarse un criterio de visión de este material y eso es lo que falta. Cómo se determina ese criterio? Con políticas claras en el accionar de la cultura.


Sur Cultural: Háblanos del cine argentino y latinoamericano, en especial de la realidad de productores y artistas. ¿Cuándo se produce el "despegue" del cine argentino y su reconocimiento a nivel mundial? Actores como Norma Aleandro, Alfredo Alcón o Hector Alterio o grupos de vanguardia de los 70 contrapuestos con las nuevas tendencias o el reconocimiento por ejemplo de directores como Eliseo Subiela, Fernando "Pino" Solanas o el desaparecido Eduardo Mignona; de la música de Lalo Schifrin y últimamente el Oscar ganado por G. Santaolalla y la nueva generación de actores de prestigio en Latinoamérica. ¿Que piensas al respecto?


Juan José Gorasurreta: No puedo hablar de un 'despegue' del cine argentino. Siempre y en cada época hay uno o dos filmes que despegan o se diferencian de los demás. Desde el nacimiento del cine argentino, poco después del cine en el mundo, hubo etapas muy diferenciadas y que marcaron el paso del cine en el país y, con ello, su proyección en el mundo. Federico A. Valle, gran documentalista del comienzo del cine argentino, marca una tendencia que sólo será tomada muchos años después en la Escuela Documentalista de Santa Fe, con Fernando Birri a la cabeza, en los años 50, casi 60. El cine popular tuvo en el 'Negro' Ferreyra y en Leopoldo Torres Ríos, dos popes del ficcional que se retomó recién en la Generación del 60, movimiento que intentó tener una apoyatura logística en la crítica de esos años (Agustín Mahieu, Edgardo Corazinski, etc.) Los malos críticos actuales, hablan siempre del NCA (Nuevo Cine Argentino) cuando aparece un filme que se diferencia un poquito de los demás: No hay escuelas de cine que contengan en sus proyectos una direccionalidad hacia qué cine necesitamos y queremos ver los argentinos, desde nuestro cine. En la Escuela de la Univ. Nac. de Córdoba, los alumnos no solamente no ven cine, sino que hacen un cine que pretende parecerse al modelo yanqui, con la parafernalia de formatos de computadoras y muy lejos de las temáticas que deben preocuparnos, tomando los elementos que la realidad nos da a diario. Los docentes tampoco ven cine y eso atenta contra una buena tarea pedagógica, además de carecer de una bibliografía actualizada en ese sentido y viejos planes de estudio que olvidan al alumno como ser humano, creando robots fieles al modelo de turno. En los años que estudiaba en Santa Fe, nos decían que debíamos 'rompernos los ojos viendo cine', formarnos integralmente con la lectura, la música, la pintura y cualquier otro medio de expresión.


Sur Cultural: "El Angel Azul", "La Quimera", el Cine Club Universitario, marcaron una época ¿Cuál es tu visión y valoración de los Cine-Clubes en la actualidad?


Juan José Gorasurreta: Los cineclubes deben cumplir una función social y esta debe responder con los tiempos en que se crean, viven y se desarrollan. De lo contrario, el cine-club será un ámbito de elite, de moda pasajera, de snobismo crónico. El cineclubismo debe abrir puertas y ayudar a vivir mejor , ser útil a la sociedad en que se vincula. Para eso el cine, tiene todos los elementos necesarios para que la tarea llegue a buen puerto desde las estructuras elegidas para contar la historia que se desee, ya sea documental o ficción


Sur Cultural: El cine como medio educativo y cultural ¿ Que piensas respecto de llevarlo a los colegios y barrios de la ciudad?


Juan José Gorasurreta: Es la tarea pedagógica que el cine debe cumplir: Llevarlo al lugar donde está la gente, es decir realizar y proyectar filmes que interpreten y tomen como temáticas las suyas, emergentes de lo cotidiano. Las experiencias de este tipo, resultan sumamente enriquecedoras cuando se lleva el debate y la charla después del filme. Ese intercambio de opinión, de ideas, genera un lazo fraterno entre la película y el espectador. El espectador sabrá entonces que el filme que ha visto, toca alguna de su preocupación más inmediata y tendrá otra idea de cómo resolverla. En los años 70, andábamos con el proyector de 16 mm. sobre los hombros, mostrando el cine que se hacía en ese momento en el país. En la actualidad, parece más simple la tarea a través del DVD o el video, pero la responsabilidad sigue siendo la misma: Abrir puertas decía antes y esta es una de ellas. En el caso puntual de La Quimera, se ha dado cine en centros barriales, de estudiantes, barrios marginales, cárceles tanto de hombres como mujeres. También en nuestro caso, en los 80 funcionó el Cine Taller Infantil para niños de 5 a 12 años, en donde los chicos hacían cine, desde escribir el guión hasta filmarlo, actuarlo y montarlo con el histórico 8mm. El contacto de la gente que asiste con el proyector, el haz de luz y la imagen en la pantalla es pura magia. Y toda esta tarea tiene que ver con eso y acercar el cine como una forma de expresión humana.


Sur Cultural: La Academia de Hollywod premia a los actores, actrices, bandas de sonido, directores, películas "extranjeras" con los Oscar en marzo de cada año. Estos premios ¿Reflejan solo a una parte interesada del mundo del cine o su totalidad? ¿ Que puedes decirnos de experiencias en otros países del planeta no incluidos en los de la Academia norteamericana?


Juan José Gorasurreta: Los premios que otorga la Academia no dejan de ser premios a su producción, a su estilo, a su interés, a ese marketing que después servirá para que las películas premiadas funcionen comercialmente. Representan solamente a una parte del cine. El mejor cine está fuera de ese ámbito, en las pequeñas producciones regionales y nacionales de países que, sin una industria desarrollada, se las ingenian para crear el cine que importa. La vidriera del cine no es solamente la que podemos ver en los Oscar: Hay otra vidriera más importante que esa, sin lugar a dudas.


Sur Cultural: Es posible que el cine se masifique alguna vez y que a la producción de cortos u otras experiencias se sume por ejemplo un cine de los trabajadores, los estudiantes o el pueblo en general donde con mas realismo y verdad se puedan transmitir los padecimientos, sueños y alegrías de la gente?


Juan José Gorasurreta: Sí, es posible. Creo que está en marcha esa impronta a través de pequeños grupos de jóvenes estudiantes de cine que apartándose de los dogmas (viejos) que pretenden enseñarles en la universidad, realizan un cine que aspira a esa inquietud. Muchos trabajos prácticos de los alumnos alimentan esa idea y logran llegar lejos en su aspiración. Pareciera que, con el paso de los años y en la medida que se acercan a la tesis final, esa inquietud desaparece. En el país se están filmando de 60 a 80 filmes por año. Sólo un 20 por ciento de esa producción puede llegar a verse en los cines. El resto, transita la solitaria vía de los canales independientes como cineclubes, cineartes y salas de difusión alternativas.


Entrevista: Juan Carlos Cerpa

martes, 14 de agosto de 2007

Clemente Bizarro y su buena costumbre de dinamitar escenarios.


Entre idas y venidas comenzamos con la temporada de entrevistas,
Abrimos el juego con una banda riocuártense que a fuerza de shows explosivos y armonías funkies se ha ganado un respetable lugar dentro de la escena regional. Hablamos de Clemente Bizarro y su propuesta ecléctica, que combina crueles distorsiones, riff punzantes y una voz potente con altas dosis de swing y energia tras los parches.


¿Cómo surge la banda?

La banda surge entre 2001 y 2002 con una larga búsqueda de gente a la que le interesara tocar temas propios dentro del estilo del funk.. Cuando en invierno de 2002 queda conformado el cuarteto original comienzan los ensayos y las composiciones que se presentan ya a fines del mismo año.

¿Como es la onda para componer?

En cuanto a la música todos los integrantes aportan sus ideas, que mayormente surgen y toman forma en el ensayo, es decir estando todos juntos. Muchísimas ideas quedan perdidas y otras se transforman en canciones. Las letras están compuestas por el cantante pero pasan por el OK de toda la banda.

¿Con que sonido se sienten influenciados?

Nos gusta mucha música de distintas épocas y estilos, pero creo que nuestros discos favoritos pertenecen a la década del 90 y eso se ve reflejado en Clemente Bizarro.

¿Con que bandas del circuito se identifican?

Ninguna.

¿Que están escuchando?

Todo el tiempo curioseando, nuestros clásicos podrían ser Pink Floyd, Faith No More, Red Hot Chili Peppers, Screaming Headless Torsos, Bjork, Pantera, etc, etc…… clásicos de ayer y de hoy.

¿Cómo ven la escena local y zonal?

Notamos una muy buena movida de los artistas, la cantidad y calidad de las distintas propuestas es bastante amplia. En Río Cuarto hay muy poco espacio donde se puede concretar tanto hecho artístico y bastante pobre la respuesta y valorización por parte del público ( en todos los ámbitos ).

¿Qué recuerdan de sus shows en La Carlota?

Visitamos la Carlota en tres ocasiones. Las tres fueron muy buenas, la primera fue en un Pub céntrico. Fue muy raro porque no nos entendieron lo que queríamos hacer creo yo, no nos aplaudían y nos miraban serios y en silencio Que les pasaba!? No se, pero la pasamos bien.
La segunda y la tercera fueron espectaculares, la pasamos súper bien con todos los pibes de la organización y chicos del público y de las otras bandas que tocaban…éramos todos amigos aunque nunca nos hubiéramos visto antes. Re buena onda. Bebimos un montón.

¿Cuáles son sus proyectos?

Nuestro proyecto es grabar el DISCO que en realidad nos sale carísimo y estamos trabajando en ello, en juntar la plata por ahora. Después tocar, tocar y tocar en todos lo lugares donde podamos y pasarla bien porque de eso se trata. Ninguno de nosotros vivimos de esto por lo tanto se complica, se hace difícil.


Dr. Gonzo